23.5.26

En esta ola de calor de mayo buscamos la brisa del mar.


Este sábado día 23 de mayo estamos con una temperatura más alta que la media habitual para esta fecha, hemos salido toda la familia a dar un paseo con un coche de los que tenemos como clásicos, hemos decidido acercarnos a la costa del mar Cantábrico. No era un viaje para pasar el día en la playa, simplemente el mero paseo.
En vez de utilizar la autopista, decidimos bajar por el puerto de Barazar en Vizcaya. En la foto siguiente es el punto en que cambiamos de provincia, abandonamos momentáneamente Álava y nos adentramos en Vizcaya.



Aquí comenzamos el descenso del puerto de Barazar.

Llegamos al cruce del Gallo, en esta foto no se aprecia bien, pero en la cumbre de esta columna hay un gallo de ahí su  nombre.


Entramos en el corredor del Txorierri para enlazar con La Avanzada.





Esta carretera la conocía mucho pero ha habido cambios desde el año 1970 hasta el 71 que iba todos los día  al destacamento de artillería en Gorliz, ahora en su lugar hay un faro, ha llovido mucho desde entonces😂 la memoria aún perdura.

Hemos salido sobre las nueve y media de Vitoria, en este punto serían las once menos cuarto, 
Ya se notaba el tráfico que aumentaba progresivamente según nos íbamos acercando a las playas.


Estuvimos un buen rato  por allí, luego pasamos por Urduliz para dirigirnos a Munguía y de allí  volver nuevamente por El Gallo para volver a Vitoria. Un pequeño despiste nos llevó hasta Archanda, bajamos hasta el cruce, nos quedaba más cerca tomar la carretera por el puerto de Altube y en Basauri nos desviamos en esa dirección.
Salimos de Vizcaya y nos adentramos en Álava.


El punto más alto de puerto de Altube, luego nos falta el puerto de Aiurdin, ya estamos cerca de casa.


Hemos cambiado un poco de ambiente, volveremos en breve a remojar un poco los pies en el Cantábrico.

El recorrido efectuado hoy.







21.5.26

Hoy casi un día veraniego. ¡¡Hay que disfrutar del sol!

 Un paseo de cumpleaños alrededor del embalse

Hoy, 21 de mayo, Vitoria ha amanecido con uno de esos días que parecen hechos a medida: cielo limpio, luz brillante y un calor que invita a salir sin prisa, a dejar que el aire templado te envuelva como un abrazo. Y justo hoy, que mi hijo cumplía años, no podía haber mejor excusa para escaparnos un rato y celebrar a nuestra manera: carretera, naturaleza y motor.

Ha venido a buscarnos con su Opel Astra GSi, ese coche que guarda el espíritu de otra época, cuando conducir era sentir el asfalto, escuchar el motor y dejar que cada curva contara una historia. Subirnos a él ha sido casi un ritual: la puerta que cierra con ese sonido firme, el asiento que te recoge, el olor a coche cuidado con cariño. Y luego, el arranque. Ese ronroneo que ya anuncia que el día va a ser bueno.

Nos hemos dirigido hacia uno de los embalses de Vitoria, rodeando sus orillas como quien bordea un espejo inmenso donde el cielo se mira. El agua estaba tranquila, apenas rizada por una brisa suave que parecía jugar con la superficie. A cada tramo, el paisaje cambiaba: praderas verdes, sombras de robles y pinos, caminos que se perdían hacia caseríos y laderas. Todo tenía ese brillo especial que solo aparece cuando el sol de mayo cae de lleno sobre Álava.

El Astra avanzaba ligero, con esa mezcla de deportividad y nobleza que lo caracteriza. Mi hijo, al volante, sonreía. Y yo, desde el asiento, pensaba en lo rápido que pasa el tiempo, en cómo aquel niño que un día llevaba sus juguetes en el asiento trasero hoy nos lleva a nosotros, orgulloso, celebrando su cumpleaños con un paseo que vale más que cualquier regalo.

Hemos parado en un mirador improvisado, donde el embalse se abría como un cuadro. El calor apretaba, pero era un calor amable, de esos que te recuerdan que el verano ya asoma. Nos hemos quedado un rato allí, respirando, mirando el agua, dejando que el momento se quedara grabado sin necesidad de fotos.

Después, vuelta tranquila, con el sol empezando a bajar y el Astra ronroneando satisfecho. Un paseo sencillo, sí, pero lleno de esos detalles que hacen que un día normal se convierta en un recuerdo.

Hoy el regalo lo ha hecho él, sin saberlo: un rato juntos, un paisaje precioso y el sonido de un motor que nos ha acompañado como una banda sonora familiar.













Esas verdes praderas, tan cuidadas y tan vivas bajo el sol de mayo, invitaban a detenerse un buen rato, a dejar que el tiempo se aflojara entre conversaciones y silencios compartidos. Y, cómo no, después de disfrutar de la sombra y del paisaje, costaba resistirse a la tentación de darse un baño en esas aguas de color turquesa, tan tranquilas que parecían llamarte por tu nombre. Un final perfecto para un día que ya de por sí había nacido especial.

 

18.5.26

Recordando rutas efectuadas hace unos años.

 Ruta por el norte de Burgos: un viaje que deja huella. 

Hace trece años de esta escapada desde Vitoria y sus paisajes siguen pareciéndome de los más bonitos que he visto. Un recorrido lleno de contrastes:
🦅 Las salinas y el castillo de Poza de la Sal.
💙 El abismo transparente del Pozo Azul en Covanera.
🏞️ El encanto escondido de San Felices del Rudrón.
🌊 El rugido del agua en Orbaneja del Castillo.
🏰 La majestuosidad del Alcázar en Medina de Pomar.
Kilómetros de carretera, pueblos de piedra y naturaleza en estado puro.. 
Primera parada desde que salimos de Vitoria, junto al castillo denominado de Los Rojas debido a que  en el año 1298 Fernando IV entregó Poza a Juan Rodríguez de Rojas que protegieron las salinas y se hicieron con el total de las explotaciones.






Hoy está el páramo próximo a Poza de la Sal lleno de generadores eólicos.

Fuimos pasando pueblos con ganas de llegar a nuestro destino pero disfrutando del recorrido y de las vistas.







Por fin llegamos a las cascada de Orbaneja del Castillo y tuvimos suerte que tenía agua en abundancia .

Después de ver esa maravilla que nace en la Cueva del agua, encima de las casas, atraviesa el pueblo y se precipita al río Ebro en una cascada de unos veinticinco metros de altura.

Para no regresar por la misma carretera seguimos hacia adelante dirección Medina de Pomar, desde ese punto regresar a Vitoria.

Me encontré un gato montes (felis silvestris) he andado muchos años por el monte y nunca los había visto con anterioridad. Si me he encontrado gatos asilvestrados pero este era diferente, con la máquina de  fotos utilizando el zoom conseguí estas dos fotos.


Me vio y abandonó el lugar para adentrase en la maleza.

Este es el recorrido efectuado.



9.5.26

Coches, radio y resilencia.


"Si los coches hablaran, los míos contarían la historia de mi propia espalda.


Todo empezó con una locura de juventud: un Simca Aronde comprado a medias entre tres amigos. No sé qué tenía más, si ilusión o kilómetros, pero fue nuestra escuela. 

Después vino mi etapa 'fiel' a la marca: el Simca 900, juguetón y ruidoso, y el inolvidable Simca 1200, un coche que aguantaba lo que le echaras.
Sin embargo, el destino me tenía guardado un regalo especial: mi primer clásico de verdad, un Austin Victoria. Recibir aquel coche fue como recibir una pieza de historia; su línea elegante y su aroma a otra época me terminaron de atrapar en esta afición.


Pero el tiempo no perdona, y mis intervenciones de columna empezaron a dictar qué pedales podía pisar. El Opel Kadett 1.8i fue un gran compañero de carretera, potente y fiable, pero mi movilidad me pidió un cambio de planes. Así llegó el Chrysler Neón 2.0 automático.
Pasar de la batalla de los cambios manuales y la dirección dura a la suavidad del Neón fue un bálsamo. A veces, 'bajarse' de un clásico para subirse a un automático no es una rendición, sino una forma inteligente de seguir en la carretera. 

Hoy, mientras me recupero de una nueva batalla quirúrgica, miro las fotos de aquel Austin y recuerdo que, ya sea con palanca o en 'Drive', lo importante es que el motor del entusiasmo siga arrancando a la primera."
Antes que los coches clásicos hubo otras aficiones que han sufrido un parón para dejar paso a otras nuevas. No me desprendo de nada de las aficiones anteriores entonces es muy fácil retomarlas y volver a experimentar con todo aquel material que ha acumulado polvo por el tiempo que lleva inactivo. Voy a desempolvar equipos.

Mi primer equipo de CB fue un carkit. entonces existían dos marcas, la citada y a sales kit.  Yo había probado con unos talkies de  juguete, me gustó el tema de poder hablar a distancia con otras personas. Se fueron montando pieza a pieza sobre una placa, luego ajustes manuales para empezar a oír cosas ¡qué emoción!

Luego vino esta emisora con bandas laterales, era una delicia el poder hablar con aficionados de otros países 


Luego vinieron los exámenes para obtener licencias de radioaficionado, obtuve La licencia B para poder manejar equipos de  dos metros de longitud de onda. 



Luego llegaron los exámenes de EC y EA, aquí tuve que aprender a transmitir y recibir en código Morse. llegaron nuevos equipos, más bandas para poder hablar con más aficionados.

Hasta hoy han estado parados todos los equipos, están un poco descuidados , me faltan cables de conexión, micrófonos, todo se andará. 



Más y más equipos que han llegado, unos regalados por averías que he ido resolviendo.



Me compré hasta PMR.



También tengo algún Baofeng, hay de todo como en botica. Ahora es necesaria la salud y la paciencia para ir ordenando todo  par que vuelvan a funcionar.


En esta ola de calor de mayo buscamos la brisa del mar.

Este sábado día 23 de mayo estamos con una temperatura más alta que la media habitual para esta fecha, hemos salido toda la familia a dar un...