21.6.26

Clásicos en Bedia: una mañana con sabor a motor antiguo

 Hoy, domingo 21 de junio, tocaba actividad de coches clásicos en Bedia. Bedia, para quien no lo conozca, es un municipio de la provincia de Vizcaya, en pleno País Vasco. Apenas 15 kilómetros lo separan de Bilbao, pero conserva ese aire tranquilo de los pueblos de la comarca de Arratia, donde el río Ibaizabal atraviesa el valle como si llevara siglos afinando su propio murmullo.

La mañana amaneció luminosa, de esas que invitan a sacar a pasear a los veteranos de cuatro ruedas. Los coches iban llegando poco a poco, cada uno con su personalidad: cromados que brillaban como espejos, motores que respiraban hondo al ralentí, colores que ya no se fabrican pero que siguen despertando sonrisas. El ambiente era relajado, sin prisas, como debe ser en este mundo donde el tiempo se mide en conversaciones apoyados en un guardabarros.

Y después llegó lo mejor: la ruta.

Hubo una ruta preciosa por los paisajes que se disfrutan en este rincón de Bizkaia. El recorrido discurría por Archanda, pero antes tocaba pasar por Galdácano, ese tramo que parece hecho a propósito para que un clásico se estire, respire y recuerde lo que es sentirse joven. Desde allí comenzó el ascenso al Monte Artxanda, con sus curvas suaves, sus miradores naturales y ese horizonte que se abre poco a poco sobre Bilbao como si la ciudad se quitara el sombrero para saludar a los coches que suben.

El paisaje estaba especialmente animado porque coincidía con las fiestas de San Juan en Bedia, que se celebran del 19 al 24 de junio. Había ambiente en los barrios, música en el aire, gente disfrutando del día. Todo eso añadía un toque festivo a la ruta, como si los clásicos formaran parte del programa oficial de las fiestas.

Entre saludo y saludo, entre anécdota y anécdota, la mañana fue pasando como pasan las buenas mañanas: sin darnos cuenta. Y al final, uno se queda con esa sensación tan tuya, Honorio: que mientras existan lugares como Bedia, carreteras como las de Artxanda y gente dispuesta a mantener vivos estos coches, siempre habrá un rincón del mundo donde sentirse en casa.

El domingo de la semana pasada participamos con los coches clásicos en Amorebieta, llevamos el Saab 900i 16 válvulas. Hoy cambiamos de coche, hay que sacar todos uno cada vez pero alternando para darle oportunidad a todos. Hoy ha sido el BMW E30 M10 este lo he llevado yo, al ser automático de momento  puedo conducirlo el resto no, por problemas de movilidad. No me he sentido cómo con este coche por  no tener la dirección asistida, únicamente es asistida por fuertes brazos y los míos ya flaquean debido al castigo que los he sometido al andar con muletas durante muchos años. Tengo pendiente ponerle una dirección asistida para poder andar con él.  


Dejamos el coche ahí aparcado y ahora hacemos un recorrido para ver todos los clásicos participantes.


He sacado muchas fotos, ahora las comparto con vosotros por si os interesa ver algunos de los participantes.


Os dejo solos para que sigáis viendo las fotos por si es de vuestro interés, yo me entretengo poniéndolas aquí 


























Además de coches también había motos.

















Después del recorrido hubo un lunch para los participantes, posteriormente entrega de premiso


Nuestro recorrido desde Vitoria.



En la ruta no participamos debido al calor y que como he dicho anteriormente me dolían los brazos  por la dureza del volante.


18.6.26

Camino a Miranda con el viejo Patrol

 Esta mañana hemos ido a pasar la ITV hasta Miranda de Ebro con nuestro Nissan Patrol SD33.

Eso ya es toda una excursión mecánica con sabor a clásico. Ir hasta Miranda de Ebro a pasar la ITV con el Nissan Patrol SD33 no es simplemente cumplir un trámite: es darle carretera al viejo guerrero, dejar que el seis cilindros respire y recordar por qué estos coches siguen teniendo alma.

El Patrol, con ese motor SD33 que suena a hierro honesto y a mecánica sin prisas, seguro que ha ido a su ritmo, pero firme como siempre. Ese trayecto hasta Miranda tiene algo especial: sales de casa con la mezcla de responsabilidad y aventura, como quien lleva a un veterano a una revisión médica importante.

Y mientras avanzamos, uno siente esa tranquilidad que solo dan los coches que han visto mundo: no corren, pero llegan. Y llegan con dignidad.


La ITV del Patrol estaba ya al borde del abismo, a punto de vencer, así que no podíamos estirar más el chicle. Esta mañana, mi hijo y yo nos hemos puesto en marcha rumbo a Miranda de Ebro, con ese sentido de urgencia tranquilo que solo entiende quien conduce un clásico: hay prisa… pero el coche no.

El día amaneció soleado, de esos que prometen calor más tarde, pero a las diez todavía se podía respirar. Teníamos la cita a las diez y media, así que íbamos un poco justos, aunque con el Patrol eso es casi una tradición. Es un coche para no correr, para dejar que el motor SD33 marque el compás, pero también es tan fiable que compensa cada minuto que se toma para pensárselo.

Mientras avanzábamos por la carretera, el sol empezaba a subir y el Patrol seguía a lo suyo: sin estridencias, sin prisas, con ese ronroneo grave que parece decir “tranquilos, que llegamos”. Y llegamos, claro. Porque estos coches no vuelan, pero cumplen.

Ahí está el sello de enero de este mismo año, se trata de un vehículo mixto y hay que pasarle la ITV cada seis meses.

Salimos de Vitoria dirección Miranda de Ebro por la A1. Ya nos falta poco para llegar, no hay problema llegamos a la hora.


Dejamos atrás la provincia de Álava para entrar en la provincia de Burgos, parece una expedición pero es un paseo, así coje temperatura el motor. 


Ya tenemos a la vista el edificio de la ITV. Ahora veremos si tenemos muchos coches por delante. Pese a tener cita con hora concertada, hay veces que hay que esperar a que pasasen los coches que tenemos delante.

Ahora sí estamos en la puerta, tenemos tes vehículos delante.

Se fueron los coches que teníamos delante, nos tocó el turno, fuimos pasando los diferentes puntos de inspección. Parecía que todo iba bien, nos mandaron sacar el Nissan Patrol e ir a recoger los resultados y nos dieron otra pegatina para otros seis meses, es una ruina 120 euros de ITV más seguro, impuesto municipal etc. pero se lo merece por su nobleza.


La hoja impoluta no hay anotaciones de defectos, nos vamos contentos hacia Vitoria.



Ya estamos a las puertas de Vitoria contentos de que todo haya ido bien, así da gusto.

Pronto volveremos a la ITV con algún otro vehículo clásico.


14.6.26

HOY TUVIMOS COCHES CLÁSICOS EN AMOREBIETA (Vizcaya)

 Hay salidas que no se planean: simplemente se sienten. Y la de Amorebieta, en Vizcaya, volvió a ser una de esas. Pero este año el recibimiento fue distinto. Nada de cielos grises ni brumas norteñas: un solazo de justicia, de esos que te hacen pensar que alguien ha desplazado Euskadi unos cuantos grados hacia el sur sin pedir permiso. El calor caía a plomo sobre el asfalto y sobre los capós brillantes de los clásicos, así que la misión del día estaba clara: buscar sombra como si fuera oro.

Volvimos a participar con nuestro SAAB 900 Classic, ese viejo compañero que ya no necesita presentación. Arrancó con su ronroneo grave, ese sonido que no busca llamar la atención pero que, quien entiende, reconoce al instante. Es un motor que no grita: conversa. Y bajo aquel sol implacable, parecía agradecer cada metro cuadrado de sombra tanto como nosotros.

El camino hacia Amorebieta fue una mezcla de curvas suaves, olor a bosque y ese silencio cómplice que solo se da cuando el coche y el conductor se entienden. A medida que nos acercábamos, empezaron a aparecer otros clásicos, como luciérnagas mecánicas que se van reuniendo sin necesidad de señales.

En el lugar, el ambiente era el de siempre: gente que mira con cariño, niños que preguntan, veteranos que recuerdan, y nosotros, los de siempre, los que seguimos creyendo que un coche puede ser más que un medio de transporte. Puede ser memoria, puede ser carácter, puede ser familia.

Las sombras del recinto se convirtieron en aliados estratégicos. Cada sombra era disputada con la misma pasión con la que uno pule un cromado. Entre abanicos improvisados, botellines de agua y conversaciones a media voz, el ambiente seguía siendo magnífico. Porque al final, haga frío o haga calor, lo que nos mueve es lo mismo: la carretera, los amigos y estos coches que nos siguen regalando historias.

El SAAB se comportó como un caballero sueco: elegante, firme, sin una queja. Alguno se acercó a preguntarnos por él, otros simplemente lo miraban como quien observa un objeto que ya no se fabrica pero que nunca debería haberse dejado de fabricar.

Y así, entre motores que cuentan historias y amigos que se reencuentran, Amorebieta volvió a ser ese punto en el mapa donde los clásicos respiran, se muestran y se sienten vivos.
Nosotros también.



El domingo de la semana pasada llevamos este coche hasta Nanclares de la Oca que también hubo coches clásicos. Lo llevamos porque decía mi hijo que se le encendía la luz de avería. Tanto el domingo pasado con este, no se ha encendido la luz de avería en ningún momento.


A nivel técnico, el SAAB 900 Classic volvió a demostrar por qué es un coche con personalidad propia. Su motor de cuatro cilindros en línea, montado longitudinalmente y con la caja de cambios bajo el bloque —esa arquitectura tan peculiar de SAAB— respondió con suavidad incluso con el calor apretando. La inyección mantuvo un ralentí estable, la temperatura se mantuvo en su sitio sin sobresaltos y la dirección, con ese tacto firme y directo tan característico, hizo que cada maniobra entre los demás clásicos fuese un placer. Es un coche que, pese a los años, sigue transmitiendo solidez y una sensación de ingeniería bien pensada, de esas que ya no se ven.







Cuando llegamos a la concentración, los demás ya estaban preparando un recorrido por la zona.  Pero nosotros, sinceramente, no estábamos para heroicidades térmicas. Entre el calor y que al SAAB hay que cargarle el gas del aire acondicionado, decidimos que lo más sensato —y lo más sabio— era quedarnos a la sombra. Ese día, nuestro aire acondicionado funcionaba “a la velocidad y a lo que se abran las ventanas”, tecnología clásica de eficacia variable. Así que nos instalamos bajo un edificio que nos  daba la sombra, nos quedamos allí disfrutando del frescor relativo y de la tranquilidad de ver pasar los coches sin prisa.





Siempre hay con quien conversar en estas concentraciones, somos compañeros de una misma afición.
Os dejo unas cuantas fotos que saqué, algunas bajo un sol de justicia. 
 





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También hubo un momento para tomar un refrigerio acompañado con un pintxo de tortilla.




Antes que finalizase, nosotros partimos de regreso a Vitoria. Le puse al GPS que nos llevase a Vitoria y se empeñaba en llevarnos por Durango, nosotros habíamos ido por Lemona  y queríamos regresar por el mismo sitio.

Le costó enrutarse hacía Lemona, constantemente nos decía que diésemos la vuelta, al final hubo un momento que cambió de opinión  y nos trajo por dónde queríamos.

Subimos el puerto de Barazar.

Entramos en Álava y pronto llegamos a Vitoria.

Guardamos el coche diciéndole hasta pronto.

Clásicos en Bedia: una mañana con sabor a motor antiguo

  Hoy, domingo 21 de junio , tocaba actividad de coches clásicos en Bedia . Bedia, para quien no lo conozca, es un municipio de la provincia...