26.7.26

“Domingo entre Clásicos en Areta–Llodio: Ruta, Tradición y Buen Ambiente”

 

Crónica de una mañana entre clásicos en Areta–Llodio

Esta mañana, en Areta–Llodio, el aire tenía ese aroma que solo los coches clásicos saben despertar: mezcla de gasolina añeja, metal pulido y recuerdos. Llegamos temprano, cuando el sol apenas empezaba a iluminar las carrocerías alineadas como veteranos orgullosos en formación. Cada coche parecía contar su propia historia, algunas escritas con restauraciones impecables, otras con cicatrices que hablan de kilómetros vividos y manos que han sabido mantenerlos con cariño.

El ambiente era el de siempre en estas concentraciones: tertulias espontáneas, miradas cómplices entre aficionados, preguntas que empiezan con “¿y este de qué año es?” y respuestas que derivan en media hora de conversación. En Areta se respiraba pasión, esa pasión que no entiende de modas ni de etiquetas, solo de respeto por la mecánica y por el tiempo.

Había de todo: desde pequeños utilitarios que hoy parecen juguetes, hasta berlinas que en su época eran símbolo de elegancia. Algún motor rugía de vez en cuando, como para recordar que, aunque estén en exposición, siguen vivos. Y entre todos ellos, uno siempre encuentra detalles que enamoran: un volante de madera bien conservado, un cuadro de instrumentos que parece sacado de una película, una solución ingeniosa para mantener en pie lo que ya no fabrican.

La mañana pasó entre fotos, charlas y ese disfrute tranquilo que solo los clásicos saben ofrecer. Areta–Llodio volvió a demostrar que estos encuentros no son solo exhibiciones: son reuniones de memoria, de oficio, de tradición. Y uno sale de allí con la sensación de haber viajado en el tiempo sin moverse del sitio.

Mi señora y yo decidimos llevar el Saab 900 i 16 válvulas classic a la concentración de coches en Areta–Llodio. Es un coche que, además de tener su encanto escandinavo, nos hace la vida más fácil. El maletero, grande y muy accesible, permite cargar sin esfuerzo todo lo necesario para que la mañana sea cómoda. Entre ello, la silla que siempre llevamos porque mis problemas de movilidad me obligan a tomar las cosas con calma y buscar apoyos cuando toca desplazarse.

El Saab, fiel como siempre, respondió con esa suavidad que lo caracteriza. Es un coche que no solo se conduce: se acompaña. Y en días como este, en los que uno quiere disfrutar del ambiente sin preocuparse por maniobras complicadas o accesos estrechos, se agradece tener un clásico que combina personalidad con funcionalidad.

Llegamos sin prisas, con la tranquilidad de saber que el coche nos facilita el día. Y así, con la silla a mano y el maletero que parece hecho para estas ocasiones, pudimos disfrutar de la concentración a nuestro ritmo, sin renunciar a nada.

Sacamos el coche del garaje y ¡Vamos allá!


La Sra., que es la conductora habitual del Saab 900 i 16 válvulas classic, me acompaña siempre que surge alguna de estas concentraciones de coches. Conoce el coche como si fuera una extensión de sí misma, y gracias a su manera tranquila y segura de llevarlo, yo puedo disfrutar del día sin preocuparme por nada.

Entre los dos hacemos buen equipo: ella al volante, yo organizando lo que necesitamos para que la mañana sea cómoda, incluida la silla que me permite descansar cuando la movilidad me da guerra. Y así, sin prisas y con nuestro ritmo, pasamos la mañana del domingo estupendamente, disfrutando del ambiente, de los clásicos y de ese pequeño ritual compartido que ya forma parte de nuestra vida.



Salimos de Vitoria con sol, ese sol que anima a arrancar el domingo con buen pie. Pero según nos íbamos acercando a la zona de Llodio, empezaron a verse muchas nubes acumuladas, como si estuvieran esperando su momento para descargar. Tocaba cruzar los dedos y confiar en que la lluvia no nos chafara el día, aunque también es verdad que ya va siendo necesaria. Después de varias olas de calor, cualquier chaparrón sería un alivio para el campo y para nosotros.

Con esa mezcla de esperanza y resignación seguimos el camino, disfrutando del trayecto y esperando que el cielo nos diera una tregua para poder pasar la mañana entre clásicos sin tener que abrir paraguas.

Estamos llegando a los túneles de Aiurdín.



Areta ya a la vista.

Ya tenemos Areta a la vista. Después del camino entre claros y nubes, en breve estaremos inmersos entre coches y aficionados, ese pequeño universo donde cada motor tiene su historia y cada persona comparte la misma pasión. Se nota ya en el ambiente esa mezcla de expectación y alegría que acompaña siempre la llegada a una concentración. Un par de minutos más y estaremos dentro, disfrutando del domingo como nos gusta.






Areta es un concejo perteneciente al municipio de Llodio, cuya ubicación se sitúa al noroeste de Álava, muy cerca del límite con Vizcaya. Es una zona que siempre ha tenido ese carácter fronterizo entre territorios, con paisajes que mezclan lo industrial y lo rural, y con una identidad muy marcada dentro del valle. Un lugar perfecto para acoger una concentración de coches clásicos, con ese ambiente de pueblo que hace que todo resulte más cercano y auténtico.


Las fiestas patronales de Areta se celebran a finales de julio, en torno a los días de Santiago (25 de julio) y Santa Ana (26 de julio). Son fechas señaladas en el concejo, con ese ambiente cercano y festivo que caracteriza a los pueblos del valle: música, encuentros, tradición y ese ritmo veraniego que invita a participar y disfrutar.



Ahora sí: ya estamos en el lugar y rodeados de coches clásicos, cada uno con su historia y sus años a cuestas. Algunos más veteranos, otros algo más jóvenes, pero todos superan la treintena con orgullo. Basta un vistazo para darse cuenta de que aquí no hay coches: hay memorias sobre ruedas, mecánicas que han sobrevivido a modas, a kilómetros y a manos que los han cuidado con paciencia.

La llegada siempre tiene ese momento especial en el que el ruido de los motores, las conversaciones y el brillo de las carrocerías te envuelven. Y así, casi sin darnos cuenta, ya estamos inmersos en este pequeño universo donde el tiempo parece avanzar más despacio y donde cada detalle merece una mirada.
































La mecánica y el interior de un Seat 1500.



También hubo motos.







Recorrido por Areta y Llodio.

Salimos a hacer un recorrido con los coches por Areta y Llodio, una pequeña caravana de clásicos avanzando por las calles como si el tiempo se hubiera detenido unas décadas. Es un momento especial dentro de estas concentraciones: ver cómo los coches no solo se exhiben, sino que se mueven, respiran, se escuchan. La gente se gira al paso de la comitiva, algunos saludan, otros sacan el móvil para inmortalizar el desfile, y nosotros disfrutamos del paseo con esa mezcla de orgullo y nostalgia que solo los clásicos saben despertar.







Tuvimos animación con danzas vascas, que le dieron un poco más de ambiente a la concentración. Entre los coches, los aficionados y el bullicio del domingo, ver bailar un aurresku añadió ese punto de solemnidad y emoción que solo esta danza sabe transmitir. Fue un detalle precioso, una mezcla de cultura y motor que hizo la mañana todavía más especial.




Nosotros no esperamos al final. Teníamos cosas pendientes y, después de las trece horas, partimos de nuevo hacia Vitoria. Antes de marcharnos, me quedé un momento junto al Saab 900 i 16 válvulas classic, que había sido nuestro compañero fiel durante toda la mañana. En la siguiente foto aparezco a su lado, con mi camiseta que deja claro un mensaje que me define bastante bien: “Nunca desestimes a un viejo hombre con un Saab”. Una frase que, más que un chiste, es casi una declaración de principios.

Con ese espíritu y con el Saab listo para volver a casa, emprendimos el camino de regreso, satisfechos por la mañana vivida entre coches, aficionados y buen ambiente.



Cruce de fronteras: de Álava a Vizcaya y vuelta

Salimos de Álava y nos adentramos en Vizcaya, dejando atrás el paisaje alavés para entrar en el valle con ese cambio sutil que solo quien conoce bien la zona aprecia. Y en este punto de la foto volvemos de nuevo a Álava, como si el camino jugara a cruzarnos de un territorio a otro en cuestión de minutos. Es una transición casi simbólica: un ir y venir entre dos tierras vecinas que comparten historia, carreteras y afición por los coches clásicos.



En este punto es la parte más alta del puerto de Altube.




De nuevo los túneles de Aiurdín, ahora en sentido inverso.

Llegamos a Vitoria, ahora a guardar el coche para tenerlo preparado para el próximo evento de coches clásicos.










23.7.26

El E30 que volvió a respirar

 

Hay coches que uno compra con la cabeza y otros que se compran con el corazón. Mi BMW E30 pre pertenece, sin duda, al segundo grupo… aunque, siendo sincero, el corazón aquella vez se dejó engañar. Lo compré barato, o eso creí. Con el tiempo descubrí que lo barato era solo el envoltorio: dentro venía un festival de óxido, chapas perforadas y horas de soldadura que parecían no tener fin. Pero así son las historias que merecen ser contadas: empiezan mal, siguen peor y acaban con una sonrisa.

El coche lleva conmigo unos años, estuvo esperando su turno en la lista de “algún día”. Cuando por fin me puse con él, descubrí que la carrocería era un mapa de cicatrices. Soldé chapa tras chapa, como quien remienda una armadura antigua. Cada punto de soldadura era una pequeña victoria contra el tiempo, y también contra mi propia terquedad. Pero el E30 lo valía: había algo en él que pedía volver a la vida.

Los asientos originales estaban para escribir un poema triste, así que los sustituí por unos de cuero de un Saab 93 que encontramos en el desguace. Estaban sorprendentemente bien, como si hubieran estado esperando su segunda oportunidad. Encajaron en el BMW como si siempre hubieran pertenecido allí, dándole un aire de dignidad que el coche agradeció.

El motor fue otro capítulo. Mi hijo y yo lo preparamos juntos, una de esas tareas que mezclan mecánica y complicidad. Entre tornillos, juntas y risas, el E30 empezó a recuperar su pulso. Cuando ya teníamos todo emplastecido y lijado, lo mandamos pintar. Verlo salir del taller, brillante y entero, fue como ver a un viejo amigo después de una larga recuperación.

Lo compré por una razón muy simple: es automático. Y para mí, con mis problemas de movilidad, eso lo convierte en el único clásico que puedo conducir sin pelearme con los pedales. Para el día a día tengo otro automático, más moderno y más cómodo, pero este BMW… este es otra cosa. Es un puente con el pasado, una declaración de intenciones, un recordatorio de que todavía puedo disfrutar de la carretera a mi manera.

Hoy el E30 ya no es aquel coche barato que salió caro. Ahora es un coche valioso, no por su precio, sino por todo lo que hemos puesto en él: tiempo, esfuerzo, soldadura, cuero rescatado, pintura nueva y, sobre todo, la satisfacción de haberlo devuelto a la vida con nuestras propias manos.

Y cada vez que lo arranco, siento que también me arranco un poco a mí mismo: que sigo en movimiento, que sigo en ruta, que aún hay caminos por recorrer.

Este fue el coche donante, 


Estos los asientos que tenía el coche cuando lo compré-

Empecé por los asientos a hacer la renovación del interior.

Los asientos traseros había que hacer una adaptación par ponerlos .


Me puse en casa ha hacer esta labor, previo permiso de la Jefa. sólo con un poco de atrevimiento u osadía fui dando cortes y puntada tras puntada. 

Esta es la parte del asiento trasero, ya va cogiendo forma.


He tensado todo y espero a tener el respaldo montado para colocarlo en el coche.

Este es el respaldo, me falta un poco más de cosido y paciencia-

Cortes.


Y puntadas.


Total que ya está más o menos, consulté con un tapicero antes de meterme en este trabajo pero pensé, se reirán del trabajo si no queda bien pero me ahorro casi para pintarlo.




Estos son los delanteros, ahora también le cambiaremos la moqueta del suelo y los paneles de las puertas. 


Ahí estamos con la moqueta del mismo color de los asientos, anteriormente era verde en muy mal estado.

La parte superior del cuadro de mandos estaba en esta situación, rajada por paso del tiempo y la influencia  del sol.


Vaya maraña de cables que me encontré .



Otro salpicadero que encontré en un desguace, está aceptablemente bien.


Que mala pinta tiene esa chapa.


Se escarba un poco y se desmorona, soldar una chapa añadida a la zona no afectada por el óxido.

Después de soldar con hilo, lo he repasado con estaño, así creo que queda mejor.


Más y más podridos, trozo de chapa y a soldar.


Ahora un poco de estaño, luego limar un poco y enmasillar.



No nos atrevemos a pintarlo, que lo haga un profesional.


Ya lo ha imprimado.


Ya está pintado ahora montaremos todo lo que se desmontó para llevarlo a pintar.



Por fin se terminó








“Domingo entre Clásicos en Areta–Llodio: Ruta, Tradición y Buen Ambiente”

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