El día 23/03/2013 fuimos a pasar la ITV de los coches clásicos, yo participé con el Austin Victoria.
Autos clásicos populares
En este blog te puedes encontrar un tipo variado de cosas: mecánica, electricidad, reuniones de aficionados a los clásicos, además de mis correrías o viajes con ellos, también en ocasiones, incluso alguna comida o postre que se hacen en casa. Vamos que el tema es variado, y cuyo fin es entretener al autor, no hay más aspiraciones. Saludos a todos aquellas/os que por algún motivo pasáis por aquí.
24.3.26
El paso de los años no nos cambia
11.3.26
Hay veces que es necesario un dulce para una celebración.
El 8 de marzo es un día especial por partida doble. Celebramos la fuerza, la valentía y la lucha de la mujer trabajadora, un reconocimiento merecido a todas aquellas que han abierto camino y a las que siguen construyendo un mundo más justo. Pero, para mí, esta fecha guarda además un significado íntimo y profundo: es el cumpleaños de mi padre.
Aunque ya no está físicamente entre nosotros, su presencia sigue viva en cada recuerdo, en cada gesto que nos enseñó y en cada huella que dejó en nuestras vidas. Su ausencia se siente, pero su memoria nos acompaña, nos guía y nos reconforta. En este día, mientras celebramos a tantas mujeres que transforman el mundo, también celebro a él, que tanto transformó el mío.
Para esta doble celebración me he puesto el delantal y he querido preparar un postre para disfrutarlo junto a mi señora y nuestro hijo. De vez en cuando me gusta meterme en la cocina y hacer algún dulce, aunque normalmente es ella quien se encarga de estas delicias. Hoy, sin embargo, le he “usurpado” el puesto con cariño, porque quería que este día tuviera un sabor especial, un sabor que pudiéramos compartir los tres.
Mientras mezclaba ingredientes y el aroma empezaba a llenar la casa, no podía evitar pensar en mi padre. Él también era de esos que encontraban en los pequeños gestos una forma de demostrar amor. Quizá por eso hoy sentí la necesidad de hacer algo con mis propias manos, algo sencillo pero lleno de intención. Cocinar este postre se convirtió en una manera de recordarlo, de sentirlo cerca, de celebrar su vida mientras celebramos también la fuerza de todas las mujeres que han marcado la nuestra.
Y así, entre risas, harina y recuerdos, este 8 de marzo se ha transformado en un día completo: un homenaje a quienes luchan, a quienes nos enseñaron a ser quienes somos y a quienes, aun sin estar, siguen acompañándonos en cada gesto cotidiano. Porque al final, la vida está hecha de estos momentos compartidos, de estas pequeñas celebraciones que nos unen y nos recuerdan lo verdaderamente importante.
Hoy han sido un par de dulces los que he preparado: unos coquitos y una larpeira, ese postre tan típico de algunas zonas de Galicia dónde mi padre nació. “Larpeiro” significa goloso, y creo que no podría haber un nombre más apropiado para describir el espíritu con el que me metí en la cocina. Quería que este día tuviera ese toque casero, ese sabor que solo se consigue cuando uno cocina pensando en quienes quiere.
Mientras formaba los coquitos y la masa de la larpeira reposaba, me venían a la mente recuerdos de mi infancia, de esos momentos en los que los olores de la cocina marcaban el ritmo de la casa. Hoy, sin darme cuenta, estaba recreando un poco de aquello: un gesto sencillo, pero lleno de cariño, que une generaciones y mantiene vivos los vínculos incluso cuando alguien ya no está físicamente con nosotros.
Ver a mi señora y a nuestro hijo esperando a probar los dulces, con esa mezcla de curiosidad y complicidad, hizo que todo cobrara aún más sentido. Al final, cocinar no era solo cocinar: era celebrar, recordar, agradecer y compartir. Era unir en un mismo día la lucha y la memoria, el presente y el pasado, lo que somos y lo que nos enseñaron a ser.
Ahí están ya listos.
Le he hecho unos cortes profundos con el cuchillo para añadir crema pastelera en los huecos.
Cada poco vigilaba el horno para que no se quemase, en este momento de la foto, ya se ve que está cogiendo color.
3.3.26
¡Pasó la ITV sin fallos!
Ayer, día 2 de marzo, pedimos cita para pasar la ITV al Toyota Supra, al que llevamos un tiempo arreglándole el motor. Teníamos la cita por la tarde, a las 19:00, así que me daba tiempo a ir antes al café-tertulia que tengo con unos amigos desde hace muchos años. Eso no se puede perder.
Revisamos todas las cosas que, de forma visual, podemos comprobar: luces, cinturones de seguridad, etc.
El coche llevaba unos años parado, esperando a que le reparáramos la junta de culata que había fallado. Es un coche que no se usa habitualmente, y hemos ido posponiendo la reparación hasta encontrar tiempo y ganas para meterse en una tarea tan ardua, tanto en horas como en dinero. Le hemos puesto una junta de culata Cometic, tornillos ARP y, además, un turbo nuevo. Tiene que estar contento el coche con todo lo que se ha invertido en él.
¡Vamos en marcha a la ITV!
26.2.26
Qué alegría cuando pruebas el coche y todo funciona.
Seguimos con el Toyota Supra MK3 turbo. Preparar el motor de un clásico no es cuestión de velocidad, sino de dedicación. Se avanza despacio, saboreando cada momento, porque este tipo de trabajos no tienen prisa: son un refugio, una forma de desconectar y disfrutar. Si lo acabáramos en un suspiro, tendríamos que buscar otro proyecto para llenar ese vacío. Por eso es mejor avanzar con calma y dejar que el coche, poco a poco, vuelva a la vida como se merece. Ha esta años esperando pacientemente a que le llegase su turno.
Ahí está con los últimos retoques esperando salir a la carretera.
16.2.26
Ha sido larga la espera que ha sufrido este coche, pero ya está casi en marcha.
Meterse a revivir un Toyota Supra MK3 turbo no es un simple arreglo… es una declaración de guerra al desgaste, al tiempo y a cualquier calentón que haya querido tumbar al mítico 7M‑GTE. Y ahí estamos mi hijo y yo, codo con codo, desmontando la culata como quien abre un cofre antiguo lleno de secretos mecánicos.
La vieja junta dijo basta, el motor se calentó más de la cuenta y tocó hacer lo que hacen los valientes: levantar culata, limpiar heridas y prepararlo para volver más fuerte que nunca. Nada de remiendos. Aquí se juega en serio: junta multilaminar, tornillería reforzada y la firme intención de que este Supra no vuelva a agachar la cabeza.
Pero claro, una MLS no perdona. Exige superficies perfectas, culata y bloque planísimos, como espejos listos para sellar cada explosión con precisión quirúrgica. Y esos tornillos nuevos piden su ritual: par de apriete exacto, lubricante adecuado y ciclos de apriete como si estuvierais afinando un instrumento de competición.
Porque un 7M que ha pasado por un calentón no se deja domar tan fácil. Hay que revisarlo todo: grietas en culata, pasajes de agua, el turbo que quizá sufrió el susto, el sistema de refrigeración entero. Cada detalle cuenta cuando quieres que un motor vuelva a rugir como si acabara de salir de fábrica.
Y cuando todo esté limpio, rectificado, medido y montado… llegará el momento mágico: purgar, arrancar, escuchar. Ese primer ronroneo que dice “estoy de vuelta”.
Lo que estamos haciendo no es solo mecánica. Es legado, aprendizaje, pasión por la máquina. Es devolverle el alma a un Supra que se negó a morir.
Nos encontramos con todos los conductos de refrigeración obstruidos de oxido y lodo debido a que con anterioridad han empleado agua como refrigerante.
El paso de los años no nos cambia
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