¡Hola a todos! Un sábado más entre herramientas, olor
a valvulina y metal cortado. La conversión a dirección asistida de mi BMW
E30 M10 sigue adelante a buen ritmo, y aunque ya tengo casi todo el
rompecabezas listo, el diablo siempre está en los detalles. Hoy tocó ponerse el
mono de cirujano del metal para solucionar uno de esos imprevistos que te
congelan el proyecto si no le echas imaginación.

Gajes del oficio: Cuidado con las herramientas de "plastilina"
Antes de lograr el éxito en el torno, la jornada me dio una lección de las que no se olvidan. Monté la pieza, la centré, coloqué la primera broca en el portabrocas del contrapunto y, al empezar a barrenar el acero... ¡sorpresa! Aquello no era una broca de HSS (acero rápido), era un trozo de hierro con forma de broca.
Me quedé asombrado al ver cómo, en lugar de cortar el metal y sacar viruta, la broca se empezó a retorcer sobre sí misma hasta quedarse doblada como un plátano. La impotencia del momento se transformó rápido en una máxima de taller: ¡hay que tener herramientas buenas y el resto tirarlo a la basura directamente! Trabajar con mal material solo sirve para perder el tiempo, romper piezas y arriesgarse a tener un susto. Tras el momento cómico del día, saqué una broca de calidad de las de verdad, y entonces sí, el acero cedió como mantequilla.

El objetivo del día era dejar finiquitado el tubo
de retorno del líquido de la dirección (el circuito de baja presión que
devuelve el fluido desde la cremallera hacia el vaso de expansión). Al
presentar el material, saltó la sorpresa: el tubo flexible que tengo disponible
cuenta con un diámetro interior notablemente mayor que el de la toma de
entrada del propio depósito de plástico.
Poner una abrazadera a presión y rezar no es una
opción en este coche; el riesgo de fugas, entrada de aire o que el tubo termine
escupido por la vibración es demasiado alto. Necesitaba una pieza de
reducción rígida (un adaptador de doble diámetro) que hiciese de puente
perfecto entre el tubo grueso y la toma estrecha.

Tras revolver todas las cajas de conexiones, racores y
tuberías viejas del taller, la realidad fue cruel: no había nada comercial que
me sirviese. Pero en este blog no nos rendimos. Examinando el cajón de la tornillería
pesada, encontré el material donante: un trozo de tornillo macizo y su
correspondiente tuerca. Dos piezas de acero vulgares que, con un poco de
magia, se convertirían en ingeniería a medida.
El proceso de fabricación paso a paso
Para los más curiosos del mecanizado, así es como
cobró vida la pieza en el banco de trabajo:
1. Unión sólida previa: Lo primero fue roscar firmemente la
tuerca en el trozo de tornillo y aplicar un cordón de soldadura para fusionar
ambos elementos en un único bloque macizo de acero. Necesitaba cuerpo
suficiente para poder trabajar en el torno con seguridad.
2. Al torno a cilindrar: Con el bloque bien amarrado al
mandril del torno, empezó lo divertido. Eliminé las caras hexagonales de la
tuerca y rebajé el cuerpo del tornillo hasta conseguir los dos diámetros
exteriores exactos que demandaban, por un lado, el tubo flexible y, por el
otro, la toma del depósito.
3. Barrenado interior: Una vez cilindrado el exterior,
llegó el momento de vaciar el alma de la pieza. Con una broca de centrar
primero y una broca pasante después, barrené longitudinalmente todo el cilindro
para crear el canal interno por el que fluirá el líquido de dirección sin
apenas restricción.
Soldadura final y acabados: Con las dos secciones de la reducción ya definidas
y ahuecadas, rematé la unión definitiva con una nueva sesión de soldadura,
asegurando una estanqueidad absoluta a prueba de bombas. Un posterior
repaso en el torno y um poco de dejó las espigas lisas y concéntricas, listas
para asegurar un ajuste estanco con las abrazaderas.
Ya
con un diámetro semejante ambas piezas ya podré unir el retorno del líquido de
la dirección asistida al depósito
Conclusiones de la jornada
Lo que empezó como un "no tengo la pieza que
necesito" ha terminado siendo una de las partes más satisfactorias de la
restauración: fabricar tus propias soluciones partiendo de chatarra. La
reducción ya está presentada, encaja a la perfección y el circuito de retorno
ha quedado resuelto con la solidez que se merece este M10.
Ya queda menos para purgar el circuito y notar la
dirección suave de verdad. ¡Gracias por leerme un sábado más y nos vemos en la
próxima actualización del E30!

Mirando al futuro: El merecido descanso para mis brazos
Con la reducción fabricada y probada, doy por concluida la sesión de este sábado. Ahora mismo tengo una serie de piezas semi dispersas por el taller, todas listas y etiquetadas. El plan es dejarlas a buen recaudo hasta el día clave: el momento en el que decida cambiar el motor y montar de forma definitiva la dirección hidráulica.
No veo la hora de que llegue ese día. Quien tenga un coche con dirección mecánica sabe de lo que hablo, especialmente en maniobras. Estoy seguro de que mis cansados brazos me agradecerán enormemente el cambio. De momento, las bases ya están sentadas y cada vez queda menos para el gran empujón.
Esta era la otra opción para la dirección, pero me decanté
por la forma más antigua y tradicional.
¡Gracias a todos por acompañarme en esta aventura metalúrgica de fin de semana! Nos vemos en la próxima entrega, donde espero enseñaros más avances de este E30. ¡Buen fin de semana de garaje a todos!