28.3.26

Visita al Santuario de Loyola (hace unos años)


El Santuario de Loyola aparece en mitad del valle del Urola, rodeado de montañas y silencio, como si el propio paisaje quisiera predisponer al visitante a la calma. El complejo monumental se levanta en Azpeitia, en el País Vasco, y está construido alrededor de la casa natal de Íñigo López de Loyola, el noble vasco que en 1491 vio aquí la luz antes de convertirse en San Ignacio, fundador de la Compañía de Jesús.

La Basílica: un pequeño Vaticano en Euskadi

El corazón del conjunto es la Basílica, inaugurada en 1738 y diseñada por Carlo Fontana, discípulo de Bernini. Su planta circular, su cúpula de más de 60 metros y su pórtico churrigueresco le dan una presencia imponente, casi teatral. No es casual que muchos la describan como “un pequeño Vaticano”, una comparación que cobra sentido al situarse frente a su fachada y dejarse envolver por la monumentalidad barroca.

Iñigo López de Loyola nació en 1491 en la casa torre familiar de Loyola, tenía intención de convertirse en caballero, fue a Castilla a formarse en la corte. Participó en batallas con la defensa de Pamplona , en esa batalla perdió una pierna por el impacto de una bala de cañón.

Durante su convalecencia leyó muchos libros que le hicieron pensar que el único Señor que valía la pena seguir era Jesucristo.

El paso de Iñigo a Ignacio no fue solo una adaptación lingüística: marcó el tránsito de un noble vasco con aspiraciones cortesanas a un hombre que se preparaba para una misión espiritual global.

(Recopilación de info en la red)

Ahora voy con el viaje y la visita.

Salimos de Vitoria por la AP1, AP8 hacia Guipúzcoa, desviándonos hacia Azpeitia. Vamos toda la familia para intentar pasar una buena mañana. 


No había mucho tráfico, era la primera vez que utilizamos esta autovía inaugurada en el año 2009 y este viaje es de 2013.


Nos desviamos dirección Azpeitia siguiendo los indicadores.



Ya hemos llegado a Loiola, ahora buscaremos indicadores hacia el Santuario.

Ahí lo tenemos majestuoso buscaremos un lugar para dejar el coche  y realizaremos la visita.


Hacemos una visita por libre, No solemos programar los viajes, se deciden incluso el mismo día y no nos da tiempo a hacer una visita guiada.

Vamos avanzando por dentro de las zonas visitable y yo sando alguna foto.


Impresionante la cúpula .

San Ignacio herido en la batalla de Pamplona.


Otras fotos dando un paseo por el exterior, 



Después de la visita emprendemos el regreso a Vitoria.


Ya vamos por la autopista a velocidad de crucero, siempre estos viajes con un coche clásico, en esta ocasión llevamos el Subaru Legacy.


Ya nos falta poco el viaje va según lo establecido.

Otro día más, todavía estoy convaleciente y no puedo hacer nuevas rutas con mis coches clásicos.

27.3.26

Vivencias de hace unos años mientras de recupero.

Hace unos años subimos al monte Pagasarri. Yo había subido varias veces cuando era joven, pero ahora, con mis limitaciones, ya no me es tan fácil hacer esas caminatas. Un amigo, que tiene un Nissan Patrol, se ofreció a llevarme hasta la cumbre. Una vez arriba, nos refugiamos en el albergue, preparamos el almuerzo y pasamos un rato estupendo. Fue una experiencia que guardo con mucho cariño.


En el Patrol subimos mi amigo, mi hijo y yo. las Señoras decidieron hacer el camino andando, ahí van piano piano.


Sólo nos faltan 800 metros y no me ha costado un esfuerzo. 😂



Desde joven siempre me ha gustado el monte, con su flora, su fauna y esas vistas magníficas que se disfrutan desde lo alto


Por el camino me iba encontrando aves, caballos y vacas, esto no lo veo todos los días en ellos veo libertad y disfrute de la naturaleza, hoy me encuentro muy a gusto viendo todas estas cosas que en la ciudad no las encuentro. 



Varias aves que se pusieron a distancia adecuada para el objetivo de mi cámara.



Este caballo y las vacas de las siguientes fotos, si estuviesen estabulados, no estarían tan felices revolcándose sobre la hierba. 





El único inconveniente que puede tener este caballo son las moscas que le molestan mientras pasta la hierba.


llego la hora del descenso del monte, ahora veremos los pueblos de los alrededores.


Me encanta, que buena mañana he pasado. volvería a repetir ahora mismo.


Las Sras. siguen andando tambien en el regreso, no se han rendido.


¡Qué disfrute de naturaleza! intentaré volver algún día. Tendrá que ser pronto que los años avanzan y se van mermando las fuerzas y no podré subir al asiento de patrol. 😅😅


Ya para finalizar, un par de flores como ejemplo de flora del camino en el monte.


 
 

Pasar un buen día, yo con este ratito que he estado recordando la subida al Pgasarri en Bilbao, me ha entretenido.

24.3.26

El paso de los años no nos cambia

Según el calendario, ya hemos entrado en la primavera: fue el pasado 20 de marzo a las 15:46. Y aunque las fotos que comparto hoy no son actuales, siguen teniendo ese poder de detener el tiempo. Pertenecen a este mismo día, pero de hace nada más y nada menos que trece años. Entonces, como ahora, la primavera ya había permitido que los árboles florecieran. Este año también los he visto llenos de flores desde hace días. La vida sigue su curso, silenciosa y constante, recordándonos que algunas cosas permanecen pese al paso de los años.
He recurrido a imágenes de otros tiempos porque recordar es, en cierto modo, volver a vivir. Además, he tenido un pequeño contratiempo de salud que, por ahora, no me permite hacer esas salidas y disfrutar de los coches clásicos como tanto me gusta. Pero todo se andará. La primavera siempre vuelve, y yo también volveré a la carretera cuando toque.


El día 23/03/2013 fuimos a pasar  la ITV de los coches clásicos, yo participé con el Austin Victoria.


Mi hijo llevó el Mini Cooper



Nos juntamos unos cuantos aficionados con el mismo fin, la Inspección Técnica de Vehículos (ITV)

Ya estamos en la puerta en espera del turno.

Después de pasar la inspección a los coches no fuimos hasta el Monumento al Pastor en Ameyugo Burgos.



Después de hacer la visita por el entorno, nos acercamos al restaurante del lugar para reponer las pocas fuerzas perdidas durante la espera al veredicto de los técnicos . Después un buen trago de vino para celebrarlo.


Varios entremeses compusieron el menú del almuerzo, fue abundante y variado.

Croquetas, chorizo a la sidra y pulpo.

No nos faltó ni comida ni bebida.


Ya para finalizar, nos sirvieron una buena bandeja de pasteles para finalizar un buen sabor de boca sobre todo dulce.😋

Vamos que estuvo para repetir, alguna vez he vuelto por allí con amigos y siempre cumple las espectativas.








 

11.3.26

Hay veces que es necesario un dulce para una celebración.

 El 8 de marzo es un día especial por partida doble. Celebramos la fuerza, la valentía y la lucha de la mujer trabajadora, un reconocimiento merecido a todas aquellas que han abierto camino y a las que siguen construyendo un mundo más justo. Pero, para mí, esta fecha guarda además un significado íntimo y profundo: es el cumpleaños de mi padre.

Aunque ya no está físicamente entre nosotros, su presencia sigue viva en cada recuerdo, en cada gesto que nos enseñó y en cada huella que dejó en nuestras vidas. Su ausencia se siente, pero su memoria nos acompaña, nos guía y nos reconforta. En este día, mientras celebramos a tantas mujeres que transforman el mundo, también celebro a él, que tanto transformó el mío.

Para esta doble celebración me he puesto el delantal y he querido preparar un postre para disfrutarlo junto a mi señora y nuestro hijo. De vez en cuando me gusta meterme en la cocina y hacer algún dulce, aunque normalmente es ella quien se encarga de estas delicias. Hoy, sin embargo, le he “usurpado” el puesto con cariño, porque quería que este día tuviera un sabor especial, un sabor que pudiéramos compartir los tres.

Mientras mezclaba ingredientes y el aroma empezaba a llenar la casa, no podía evitar pensar en mi padre. Él también era de esos que encontraban en los pequeños gestos una forma de demostrar amor. Quizá por eso hoy sentí la necesidad de hacer algo con mis propias manos, algo sencillo pero lleno de intención. Cocinar este postre se convirtió en una manera de recordarlo, de sentirlo cerca, de celebrar su vida mientras celebramos también la fuerza de todas las mujeres que han marcado la nuestra.

Y así, entre risas, harina y recuerdos, este 8 de marzo se ha transformado en un día completo: un homenaje a quienes luchan, a quienes nos enseñaron a ser quienes somos y a quienes, aun sin estar, siguen acompañándonos en cada gesto cotidiano. Porque al final, la vida está hecha de estos momentos compartidos, de estas pequeñas celebraciones que nos unen y nos recuerdan lo verdaderamente importante.

Hoy han sido un par de dulces los que he preparado: unos coquitos y una larpeira, ese postre tan típico de algunas zonas de Galicia dónde mi padre nació. “Larpeiro” significa goloso, y creo que no podría haber un nombre más apropiado para describir el espíritu con el que me metí en la cocina. Quería que este día tuviera ese toque casero, ese sabor que solo se consigue cuando uno cocina pensando en quienes quiere.

Mientras formaba los coquitos y la masa de la larpeira reposaba, me venían a la mente recuerdos de mi infancia, de esos momentos en los que los olores de la cocina marcaban el ritmo de la casa. Hoy, sin darme cuenta, estaba recreando un poco de aquello: un gesto sencillo, pero lleno de cariño, que une generaciones y mantiene vivos los vínculos incluso cuando alguien ya no está físicamente con nosotros.

Ver a mi señora y a nuestro hijo esperando a probar los dulces, con esa mezcla de curiosidad y complicidad, hizo que todo cobrara aún más sentido. Al final, cocinar no era solo cocinar: era celebrar, recordar, agradecer y compartir. Era unir en un mismo día la lucha y la memoria, el presente y el pasado, lo que somos y lo que nos enseñaron a ser.

Ahí están ya listos.


Estos son los coquitos, están hechos con leche condensada y coco rallado, muy sencillos.


La larpeira me ha llevado más trabajo, hay unos cuantos ingredientes que hay que mezclar y amasar para que todo quede bien homogenizado.


Ahora un tiempo de reposo a la masa antes de extenderla, generalmente se hace en redondo, yo la he puesto en la bandeja del horno que es rectangular. 


Como decía antes, rectangular como la bandeja del horno. 


Le he hecho unos cortes profundos con el cuchillo para añadir crema pastelera en los huecos.


Cada poco vigilaba el horno para que no se quemase, en este momento de la foto, ya se ve que está cogiendo color.


¡Ya está lista! la bañamos con un almibar al que le hemos añadido anís ¡que rica!


Ya está todo listo. Solo falta el momento de degustar la larpeira y los coquitos, y con ello dar comienzo a esta pequeña gran celebración. A veces no hace falta nada más: un dulce hecho con cariño, una mesa compartida y las personas que uno quiere cerca. Hoy, en este día tan simbólico, estos sabores se convierten en un homenaje sencillo pero profundo, una forma de celebrar la vida, la memoria y el amor que nos une.
Vamos a celebrarlo, a disfrutar de este momento que mezcla tradición, recuerdo y alegría. Porque al final, son estos instantes —los que parecen pequeños— los que terminan llenando el corazón.



Lo siento, hoy no han sido los coches clásicos, el día tan señalado merecía algo diferente.





Visita al Santuario de Loyola (hace unos años)

El Santuario de Loyola aparece en mitad del valle del Urola, rodeado de montañas y silencio, como si el propio paisaje quisiera predisponer ...