5.11.26

Una ITV con curvas, paisajes de otoño y un GPS providencial: El estreno del Audi TT


Esta mañana teníamos pendiente pasar la ITV al Audi TT, salimos sobre las nueve de la mañana del garaje y nos pusimos rumbo a Miranda de Ebro allí vamos con cierta frecuencia, llevamos años pasando allí al parecer somos de costumbres fijas tal es así que mañana volvemos con el BMW que le toca inspección también.

El viaje de ida transcurrió sin problemas a pesar de que había mucho frío y algo de niebla, con prudencia y la calefacción solventamos el mal tiempo.





Este viaje tenía un significado especial para nosotros. El Audi TT se ha incorporado recientemente a nuestro garaje y esta era, literalmente, la primera vez que nos enfrentábamos a la ITV juntos. Al ser una unidad nueva en casa, siempre se viaja con esa pequeña dosis de incertidumbre sobre qué te vas a encontrar en la línea de inspección, un gusanillo que se multiplicaba al tener que legalizar los separadores. Superar la prueba con éxito en Miranda de Ebro ha sido el bautismo de fuego perfecto para confirmar que el coche está en un estado impecable y listo para disfrutarlo al máximo.



Como suele pasar en la carretera, las imágenes capturan solo una parte de la realidad. El frío intenso de esa mañana no se llega a apreciar en la foto, pero sí quedó retratada esa niebla que nos acompañó durante el viaje; una bruma que, afortunadamente, no llegó a ser muy espesa, pero sí lo suficiente como para darle al trayecto un ambiente invernal y misterioso ideal para las líneas del TT.





La geografía de nuestra ruta tiene una peculiaridad que siempre me ha parecido curiosa. La autovía A-1 avanza por tramos que pertenecen a la provincia de Álava, para luego introducirse de lleno en el Condado de Treviño —que administrativamente es Burgos— y, más adelante, volver a entrar en territorio alavés. Es un constante salto de fronteras invisibles. De hecho, muy cerca de la propia estación de la ITV en Miranda de Ebro se encuentra el límite provincial, un detalle que añade un toque extra de carácter a un viaje donde la carretera, la burocracia y los límites territoriales se cruzan en apenas unos pocos kilómetros.



Una vez en la línea de inspección, la cita se transformó en una larga estancia en el local. Había que Homologar reformas, no es un visto y no visto: el proceso exigió una infinidad de mediciones minuciosas, comprobando anchos de vía, cotas y que todo estuviera milimétricamente bajo reglamento. Tras una tensa espera y un trabajo impecable por parte de los técnicos, el resultado fue completamente satisfactorio. El TT ya rueda de forma 100% legal..

Afortunadamente, el viaje de ida fue sobre ruedas y llegamos a Miranda sin ningún contratiempo. Cumplimos con la inspección, pero lo verdaderamente increíble ocurrió a la vuelta, sobre las doce del mediodía.

De repente, la pantalla del GPS se iluminó con insistencia mandándonos un desvío drástico: había que abandonar la A-1 y cruzar por las carreteras interiores del Condado de Treviño. En ese momento uno siempre duda. Piensas: "¿De verdad me compensa dar este rodeo por un puerto o una comarcal?". Decidimos confiar en el navegador. Y menos mal.

Al llegar a casa y revisar las noticias locales, descubrimos de lo que nos habíamos librado. No era un simulacro de emergencias en los túneles, como se rumoreaba en un principio. Apenas unos minutos después de que nosotros pasáramos a las nueve, se produjo un accidente real en el interior de los túneles de La Puebla de Arganzón. Información de la IA.

El siniestro obligó a la DGT a cortar por completo todos los carriles en sentido Vitoria-Gasteiz. Para colmo de males, el accidente coincidió en el mismo punto con unas obras asfálticas programadas. El resultado a las doce del mediodía —la hora exacta de nuestro regreso— era un bloqueo absoluto con retenciones kilométricas. El embudo perfecto.

Gracias a la rápida reacción del GPS y a las carreteras secundarias de Treviño, pudimos bordear el caos mientras el tráfico de la A-1 quedaba totalmente paralizado. Al final, la jornada nos dejó tres conclusiones claras: el Audi TT duerme tranquilo con su pegatina al día, la paciencia con la niebla tiene premio y, definitivamente, nunca hay que llevarle la contraria al GPS. pero con cuidado que algunas veces también  se equivoca y te lleva a un callejón sin salida. 😂

En este momento exacto que inmortaliza la foto estamos llegando a Treviño. Fue ahí donde pudimos comprobar que el comportamiento del TT en las curvas de esta carretera es, sencillamente, impecable. A pesar de la humedad matinal que acechaba en las zonas sombrías, el coche demostró una adherencia al asfalto espectacular, transmitiendo una seguridad total y permitiéndonos trazar cada giro con una finura que convierte la conducción en un auténtico disfrute.








La ruta de regreso nos llevó a cruzar el corazón del enclave a través de sus pequeños pueblos. Fuimos dejando atrás Franco, Ventas de Armentia y Uzkiano, en un tramo donde la carretera se vuelve más íntima y paisajística. Desde allí iniciamos el ascenso al puerto de Vitoria, coronando la montaña antes de iniciar el descenso que nos dejó junto a la localidad de Castillo, ya a las puertas de Vitoria. Un recorrido con un encanto especial que convirtió un desvío obligatorio en un viaje de lo más disfrutable.







La carretera en esta época otoñal está sencillamente preciosa. Con las orillas completamente flanqueadas por árboles y una flora que despliega una infinidad de colores, el camino invita a levantar un poco el pie del acelerador; merece la pena ir sin prisas, deleitándose y disfrutando de un paisaje que convierte el viaje en un auténtico espectáculo visual.





Ya estamos de vuelta en Vitoria y toca guardar el coche en el garaje. Llega el momento de repartir tareas: a alguno que yo me sé le toca ponerse el mono y salir corriendo a trabajar para ganarse el pan. Otros, afortunadamente, por cuestiones de edad ya estamos exentos de esas obligaciones laborales y nos quedamos con la mejor parte: disfrutar del día, del coche y de las buenas rutas. ¡Un final redondo para una mañana redonda!




Al final, lo que comenzó como una mañana de burocracia, frío y mediciones al milímetro, terminó regalándonos una de esas rutas que se disfrutan con los cinco sentidos. El TT ha superado su bautismo de fuego con nota, demostrando que está en un estado impecable tanto en los papeles como sobre el asfalto. Nos quedamos con los colores del otoño, la satisfacción del trabajo bien hecho y la suerte de haber esquivado el caos en el momento justo. ¡Hasta la próxima ruta!
 

3.11.26

Cómo hacer un ambientador de madera torneada

 Esta fría mañana ha comenzado como casi todas las mías: saliendo a dar mi imprescindible paseo matutino. No hace falta que os diga adónde me han llevado mis pasos; ya sabéis de sobra que mi destino a esas horas siempre tiene que ver con ir a ver los coches y enredar un poco con ellos.

Sin embargo, hoy el cuerpo me pedía cambiar de actividad. El frío invitaba a meterse en el taller, y la inspiración no ha tardado en llegar cuando me he topado con un trozo de madera de boj.
El boj es una madera fantástica: noble, dura y con un grano finísimo ideal para trabajar al detalle. Así que, ni corto ni perezoso, me he puesto manos a la obra para darle una nueva vida en forma de odorizador casero de estilo clásico para uno de mis coches.
Aquí os cuento cómo ha sido el proceso, ideal para entretenerse un buen rato antes del café de la tarde.
1. Preparación de la pieza
Lo primero era preparar la madera para poder trabajarla con seguridad. Le he pasado la escofina concienzudamente para dejar el contorno un poco redondeado. El objetivo era simple: conseguir la forma adecuada para poder sujetar la pieza firmemente en el plato del torno.


2. El torneado y el vaciado
Una vez sujeta en el torno, ha empezado la magia. He ido rebajando la madera hasta conseguir una silueta cilíndrica y limpia. Con la ayuda de una broca, le he hecho un vaciado central (un hueco interior bastante generoso) que servirá como depósito para el aroma.


3. El acabado "antiguo" (El toque maestro)
Para romper con el color claro del boj y darle solera, he sacado el soplete. He quemado ligeramente el exterior de la madera con un quemador. Este proceso de tostado resalta las vetas y le aporta al instante un tono envejecido, rústico y con mucha personalidad, perfecto para la estética de un coche con historia.



4. Perforación y funcionamiento
El mecanismo no puede ser más simple, eficiente y ecológico:
  • El corazón del odorizador: He rellenado el hueco interior con un buen trozo de algodón bien impregnado de mi aroma preferido.
  • La difusión: He practicado varios agujeros en el exterior que comunican directamente con el compartimento del algodón.


¡Y listo! El aire del coche circula de forma natural a través de los agujeros, evaporando suavemente el odorizante y manteniendo el habitáculo con un aroma magnífico y sin necesidad de colgar plásticos feos en el retrovisor.
Una mañana de lo más entretenida que da como resultado un accesorio único, útil y hecho al 100% a mano. Y ahora que ya os lo he contado y he revivido el proceso... os dejo, ¡que se me hace tarde para el café tertulia con los amigos! 
Le he añadido una escarpia metálica para poder colgarlo


¡Y listo! El aire del coche circula de forma natural a través de los agujeros, evaporando suavemente el odorizante y manteniendo el habitáculo con un aroma magnífico. Todo esto sin necesidad de colgar plásticos feos de "pinito" en el retrovisor, que eso ya no se lleva. jajaja

2.11.26

Entre clásicos, carburadores y hojas de otoño: Crónica de una mañana de pasión por el motor

 Hay mañanas que tienen un aroma especial, y la de este lunes 2 de noviembre ha sido una de ellas: sol radiante, aire fresco de otoño y el sonido inolvidable de nuestros coches clásicos arrancando. En algo hay que invertir el tiempo, ¿verdad? Y qué mejor manera de hacerlo que rodeado de auténticas joyas sobre ruedas.

El día empezó pidiendo abrigo a gritos. Tras salir bien pertrechado de casa para combatir la fresca matinal, puse rumbo directo al garaje. Al llegar, la prioridad absoluta estaba clara: despertar al BMW. Esta semana me toca pasar la ITV sin falta porque vence ya, así que tocaba ponerlo en marcha, comprobar que todo estuviera en orden y dejar que el motor cogiera temperatura. Escuchar su rugido impecable siempre es el mejor café para empezar el día.



Con el primer objetivo cumplido, llegó el momento de mancharse las manos. Teníamos entre manos una tarea de esas que requieren paciencia y mimo: limpiar a fondo un carburador clásico que acumulaba capas de grasa y polvo de años. 


Desmontar, limpiar con cuidado cada rincón y ver cómo el metal vuelve a brillar bajo la suciedad acumulada es un proceso casi terapéutico para cualquier amante de la mecánica. Tras un buen rato de trabajo meticuloso, la pieza quedó lista para volver a dar vida al motor.






Ya de regreso a casa, con la satisfacción del trabajo bien hecho y la hora de comer acechando, no pude resistirme a hacer una pequeña parada. El Parque Arriaga me pillaba de paso y lucía espectacular con los colores del otoño, así que saqué la cámara para hacer unas fotos y congelar el momento antes de dar por terminada una mañana redonda.







¡Nos vemos en la próxima ruta!


30.10.26

Fallo de arranque y paradas mecánicas en el Opel Astra GSi 8V: El peligro silencioso del sensor del árbol de levas.

 

Si tienes un Opel Astra F GSi 2.0 8V (el eterno motor C20NE de 115cv), sabrás que es un coche noble, robusto y mecánicamente muy agradecido. Sin embargo, los años no pasan en balde y la electrónica vieja suele jugar malas pasadas.
Hoy os traemos un brico-caso real que nos ha tenido de cabeza unos días: el coche no quería arrancar o, peor aún, se paraba de repente en marcha en cualquier momento, dejándonos tirados sin previo aviso. Tras revisar los sospechosos habituales (relé de inyección, bomba de gasolina, bujías...), dimos con el verdadero culpable: el sensor de posición del cigüeñal.
Aquí os contamos los síntomas, el diagnóstico y cómo hemos saneado el cableado para dejarlo mejor que nuevo gastando muy poco dinero.

El fallo empezó de forma intermitente. A veces el motor giraba con fuerza pero no llegaba a arrancar. Otras veces, ibas circulando tranquilamente y el motor se apagaba por completo, como si le quitaras el contacto. Al cabo de unos minutos, volvía a arrancar como si nada.
En estos motores, cuando la centralita (Motronic) no recibe la señal del sensor de cigüeñal (el encargado de decirle al motor cuándo y dónde inyectar y dar chispa), corta la corriente por seguridad. Si no hay señal de giro, no hay marcha.



El cableado original se tuesta: Antes de comprar un sensor nuevo, comprueba el tramo de cable que va hacia él. Con los años, el aislante térmico se deshace, los cables se pelan y hacen cortocircuito entre sí y se para.
Encontramos los cables pelados, y casi cortados. Los cortamos del todo para soldarlos fuera del coche y cuando esté todo bien los soldaremos a los que vienen de la centralita.



Pelamos un trozo para estañar las puntas para facilitar luego la unión de los cables del conector al sensor.

Hemos soldado unos trozos de cable más flexibles para que no se casque el recubrimiento de plástico y se vuelvan a pelar o partir. Después de soldar les hemos puesto termo retráctil para que no  hagan contacto unos con otros y diferentes colores para poder diferenciarlos a la hora de soldar.



Ya está casi bien. ahora hay que soldar en la otra parte del cable.



Aquí está la otra parte que va soldada a la que hemos visto antes, los pelaré un poco el plástico para preestañar  y soldar, después todo bien protegido con termo retráctil y a esperar que dure muchos años.
 


Ya se me hacía tarde y lo he dejado así, posiblemente seguiré mañana y cruzaremos los dedos para que todo quede bien.

Lo soldé com estaño, luego recubierto con termoretráctil cada cable por separado, luego dos capas más todo el conjunto, yo creo que no volverá a fallar.


Lo he arrancado varias veces y no falla. 









28.10.26

El día que cambié el motor por el canto de los patos: Una mañana en el Parque de San Martín


A veces, el cuerpo y la mente piden un freno de mano. Ayer por la mañana me desperté con una sensación extraña: no tenía ninguna gana de ir al taller donde tenemos los coches clásicos. Quienes me conocen saben que allí nunca me falta trabajo, ni entretenimiento, ni proyectos entre manos; es mi lugar feliz. Pero ayer simplemente no me apetecía llenarme las manos de grasa ni ponerme a restaurar piezas. Necesitaba otra cosa.
El día amaneció espectacular, con un sol radiante de esos que te obligan a salir a la calle, así que decidí cambiar los caballos de potencia por la tranquilidad de la naturaleza. Puse rumbo a uno de los pulmones verdes de Vitoria-Gasteiz: el Parque de San Martín.



Un refugio verde en plena ciudad
Nada más llegar, supe que había tomado la decisión correcta. El Parque de San Martín es un espacio idóneo para desconectar sin salir de la ciudad. El sol de la mañana iluminaba el agua y los senderos, creando una atmósfera perfecta para pasear sin prisa.
Mi objetivo principal era relajarme, y qué mejor manera de hacerlo que acercándome a sus estanques. Ayer el parque estaba lleno de vida:
  • El vaivén de los patos: Pasé un buen rato observando cómo nadaban tranquilamente y se disputaban los rayos de sol en la orilla.
  • Un concierto de aves: Más allá de los patos habituales, el parque es un imán para diferentes tipos de aves urbanas que revoloteaban entre los árboles, llenando el ambiente con sus cantos.
  • El ritmo pausado: Ver a los vecinos paseando, leyendo en los bancos o simplemente disfrutando del buen tiempo me recordó lo necesario que es, a veces, bajar las revoluciones.






Además, este parque me pilla más cerca de casa, lo que hizo que el plan fuera aún más apetecible y espontáneo. Durante el paseo, aproveché para acercarme a un rincón con mucha historia: el dolmen levantado en honor al célebre historiador y antropólogo D. José Miguel de Barandiarán. Pasar junto a este monumento de piedra, rodeado de vegetación, siempre le aporta un toque especial y reflexivo a la caminata, recordándonos el valor de nuestras raíces mientras disfrutamos del presente.





Volver con las pilas cargadas
Pasar la mañana rodeado de vegetación, escuchando el agua y observando la fauna local fue el bálsamo perfecto. A menudo nos empeñamos en mantenernos ocupados de manera constante, pero estos pequeños "parones técnicos" son obligatorios para no quemarnos.
Me fui del parque con los pulmones llenos de aire fresco, la mente despejada y, ahora sí, con ganas renovadas de volver pronto al taller a seguir mimando nuestros clásicos. Porque para poder acelerar a fondo, primero hay que saber cuándo frenar.

Una ITV con curvas, paisajes de otoño y un GPS providencial: El estreno del Audi TT

Esta mañana teníamos pendiente pasar la ITV al Audi TT, salimos sobre las nueve de la mañana del garaje y nos pusimos rumbo a Miranda de Ebr...