28.10.26

El día que cambié el motor por el canto de los patos: Una mañana en el Parque de San Martín


A veces, el cuerpo y la mente piden un freno de mano. Ayer por la mañana me desperté con una sensación extraña: no tenía ninguna gana de ir al taller donde tenemos los coches clásicos. Quienes me conocen saben que allí nunca me falta trabajo, ni entretenimiento, ni proyectos entre manos; es mi lugar feliz. Pero ayer simplemente no me apetecía llenarme las manos de grasa ni ponerme a restaurar piezas. Necesitaba otra cosa.
El día amaneció espectacular, con un sol radiante de esos que te obligan a salir a la calle, así que decidí cambiar los caballos de potencia por la tranquilidad de la naturaleza. Puse rumbo a uno de los pulmones verdes de Vitoria-Gasteiz: el Parque de San Martín.



Un refugio verde en plena ciudad
Nada más llegar, supe que había tomado la decisión correcta. El Parque de San Martín es un espacio idóneo para desconectar sin salir de la ciudad. El sol de la mañana iluminaba el agua y los senderos, creando una atmósfera perfecta para pasear sin prisa.
Mi objetivo principal era relajarme, y qué mejor manera de hacerlo que acercándome a sus estanques. Ayer el parque estaba lleno de vida:
  • El vaivén de los patos: Pasé un buen rato observando cómo nadaban tranquilamente y se disputaban los rayos de sol en la orilla.
  • Un concierto de aves: Más allá de los patos habituales, el parque es un imán para diferentes tipos de aves urbanas que revoloteaban entre los árboles, llenando el ambiente con sus cantos.
  • El ritmo pausado: Ver a los vecinos paseando, leyendo en los bancos o simplemente disfrutando del buen tiempo me recordó lo necesario que es, a veces, bajar las revoluciones.






Además, este parque me pilla más cerca de casa, lo que hizo que el plan fuera aún más apetecible y espontáneo. Durante el paseo, aproveché para acercarme a un rincón con mucha historia: el dolmen levantado en honor al célebre historiador y antropólogo D. José Miguel de Barandiarán. Pasar junto a este monumento de piedra, rodeado de vegetación, siempre le aporta un toque especial y reflexivo a la caminata, recordándonos el valor de nuestras raíces mientras disfrutamos del presente.





Volver con las pilas cargadas
Pasar la mañana rodeado de vegetación, escuchando el agua y observando la fauna local fue el bálsamo perfecto. A menudo nos empeñamos en mantenernos ocupados de manera constante, pero estos pequeños "parones técnicos" son obligatorios para no quemarnos.
Me fui del parque con los pulmones llenos de aire fresco, la mente despejada y, ahora sí, con ganas renovadas de volver pronto al taller a seguir mimando nuestros clásicos. Porque para poder acelerar a fondo, primero hay que saber cuándo frenar.

25.10.26

Hoy pasión por el motor en este domingo.

 La "Sra. a los mandos" de ese clásico, dominando el volante en una jornada de ruta, debió de ser un espectáculo fantástico. Es un coche que llama la atención allá por donde pasa, con ese frontal tan característico y sus tres volúmenes tan bien proporcionados. Además, viajar en uno de ellos es volver a sentir la conducción de antes, sin filtros, disfrutando de cada kilómetro del viaje.

Una combinación perfecta para el día: buena compañía, afición por el motor clásico y ese Austin Victoria devorando kilómetros.



Hace buen día, no hay mucho tráfico la situación ideal para disfrutar de un coches clásico.


Es el escenario ideal para salir con un coche de 1973. Conducir un Austin Victoria por una carretera despejada y sin embotellamientos es la única manera de disfrutar de verdad de la mecánica clásica, sin el estrés de los frenazos ni los calentamientos del motor que tanto sufren estos veteranos en los atascos.
Poder mantener un ritmo alegre y constante, escuchando el motor Authi y contemplando los paisajes que rodean Álava en esta época del año, convierte el viaje de ida a ver coches clásicos y vuelta a Vitoria en un auténtico placer. A los mandos del coche, la señora seguro que disfrutó de esa conducción limpia y fluida, donde el coche responde noblemente en cada curva.
Esos kilómetros sin tráfico, donde solo importan el asfalto, el paisaje y el ronroneo del motor, son los que hacen que tener y mantener un coche clásico valga totalmente la pena. ¡Una jornada de diez de principio a fin!


Entramos en la provincia de Vizcaya.

Descendemos el puerto de Barazar.



Ya hemos llegado a destino, hay bastantes coche, dejamos el nuestro y a disfruta, siempre te encuentras con conocidos de otros eventos similares y entablamos conversación.


Es imposible ver estas imágenes y no viajar en el tiempo. Cada coche tiene una personalidad tremenda y están en un estado de conservación espectacular:
  • Los inolvidables SEAT 600: Qué maravilla verlos en distintas "personalidades". El blanco con la baca cargada de maletas de época y cestas de mimbre es una postal andante de las vacaciones de los setenta. El de color crema, ultra personalizado, con faros antiniebla, llantas deportivas y visera, demuestra lo mucho que se querían (y se quieren) estos coches. Y el beige original, una delicia de sencillez y elegancia.
  • El toque deportivo y rabioso: Ese BMW E30 impecable con las llantas de panal de abeja y los faros amarillos tan característicos de la época, y el Opel Kadett GSi rojo tres puertas (con esas llantas blancas que le quedan brutales) representan la viva imagen de las carreteras de finales de los 80. ¡Pura adrenalina de juventud!
  • Los míticos ruteros: El Renault 8 verde claro con los cuatro faros delanteros tiene un aspecto 'racing' de rali clásico precioso, y el Renault 12 verde oscuro metalizado, con esas llantas y la carrocería impecable, evoca los grandes viajes familiares.
  • La elegancia robusta: El Mercedes-Benz (W201/190E) negro luce imponente, un coche señorial que envejeció como el buen vino y que sigue pareciendo un tanque indestructible.










  • El broche final: La magnífica torre barroca con su reloj y campanario es el entorno ideal. Le da un marco histórico inmejorable a la concentración, como diciendo que lo clásico y lo bello siempre perdura.


Sigo con más coches.











Después de un tiempo con los coches clásicos, nos tomamos un café sentados en una mesa, dimos otro paseo por el lugar y emprendimos la marcha de regreso a casa por el mismo sitio pero en dirección contraria.







Le digo a la conductora, vamos rápido que hoy voy a disfrutar  de ese pan que a vosotros  no os gusta.
Pan de centeno, yo de niño cuando iba a ver a mis abuelos paternos y mis tíos casi siempre había en la mesa ese pan de centeno, era el cereal que se sembraba por la zona de Parada del Sil (Orense) ahora cuando voy al Super lo compro, en mi casa solo yo, el resto otros panes, más cantidad me toca.
Qué gran recuerdo. El pan de centeno gallego, especialmente el de las zonas de montaña de Ourense y Lugo, tiene ese carácter único: denso, con una corteza recia que lo protegía durante días y esa miga húmeda con un toque ácido tan característico. En zonas como Parada del Sil, en plena Ribeira Sacra, el centeno (allí centeio) era el rey porque es un cereal duro, capaz de crecer en suelos pobres y soportar los inviernos de la sierra donde el trigo apenas prosperaba.


Tiene toda la lógica del mundo que en tu casa te toque "más cantidad" a ti solo. El pan de centeno 100% o con mucha pureza tiene un sabor intenso y una textura compacta a la que la gente acostumbrada al pan blanco industrial a veces le cuesta entrar. ¡Pero esa es tu gran ventaja!
Al ser un pan con mucha fibra y humedad, se conserva de maravilla durante días sin ponerse duro, al contrario que las barras de trigo que a las pocas horas parecen chicle.

Este pan para uno de los platos de hoy le viene fenomenal para  que se empape bien.

Ese pan que me agrada, lo voy a saborear con el plato que ya ha dejado preparado la Sra. para cuando llegásemos a casa. Estuve tentado de ir a Valderas (León) a probar el bacalao estilo Valderas, me llamó un primo que iba a ir este fin de semana, pero no se me logró el viaje, entonces la Sra. me preparó lo siguiente.
El bacalao al club ranero es una de las joyas de la gastronomía vasca, conocido por combinar magistralmente la sutileza de un bacalao al pilpil con la alegría de una buena fritada o pisto. [
Como curiosidad histórica, este plato nació de la improvisación en Bilbao. Se cuenta que a principios del siglo XX, en la sociedad gastronómica "Club Ranero" (vinculada a un grupo que jugaba a la rana), el cocinero preparaba bacalao al pilpil para unos amigos cuando llegaron más comensales de improviso. Para estirar las raciones y que alcanzara para todos, decidió añadirle una fritada de pimientos, cebolla y carne de pimiento choricero que tenía a mano, creando así una receta mítica.
Las dos claves del éxito
  1. El pilpil: Confitar el bacalao a fuego muy lento con ajos y guindilla para que suelte toda su gelatina. Luego, emulsionar esa gelatina con el aceite templado. Puedes usar el truco casero de ligarlo fácilmente con un colador o la batidora. 
  2. La fritada: Pochar muy despacio cebolla, pimiento verde, pimiento rojo y, fundamental, añadir carne de pimiento choricero junto con un toque de tomate.
Para presentarlo, solo tienes que colocar los lomos de bacalao, napar con el pilpil cremoso, cubrir con la fritada y darle un ligero toque de horno o gratinador antes de servir. ¡A disfrutar del homenaje!


Nosotros hoy no teníamos más invitados ni esperábamos a nadie, se hizo así porque nos gusta, Lo ideal para reponer las fuerzas perdidas en el viaje y los paseos.



24.10.26

El coche de mi juventud, el orgullo de mi hijo: Restaurando el Simca 1200

 

 El Simca está en espera de un chequeo para comenzar a sacarlo a menudo por la carretera. Hoy sábado he pasado por allí y lo he visto, no podía pasar sin hacer mención a este coche.



De tal palo, tal astilla: La resurrección mecánica de nuestro Simca 1200
Hay coches que no solo te llevan de un lugar a otro, sino que se quedan a vivir en la memoria familiar. Allá por 1975, estrené un Simca 1200. Fue el coche de los viajes, del día a día, el escenario donde mi hijo creció y disfrutó, casi sin darse cuenta, esa pasión por la gasolina y las líneas de antes. Tanto caló ese recuerdo que, hace unos años, decidió seguir mis pasos y hacerse con otro 1200.
Tras pasar por chapa y pintura (como veréis en las fotos, luce espectacular), ha llegado el momento de la verdad: el corazón de la máquina. Aunque el coche arranca y camina, la tranquilidad en los rallys de clásicos no se negocia. Queremos salir de dudas. Por eso, nos hemos liado la manta a la cabeza y vamos a desmontar el motor para comprobar su estado real y rejuvenecerlo.
Esto es todo lo que vamos a revisar y repasar para dejarlo "de estreno":
1. El Bloque y la Distribución: La base de todo
El motor Poissy es famoso por su dureza, pero el tiempo no perdona a los elementos de fricción.
  • Cadena de distribución: A diferencia de los coches modernos, este Simca lleva cadena. No se rompe como una correa, pero con los años se estira, coge holgura y desfasa ligeramente el encendido. Cambiar la cadena y su tensor es obligatorio para que el motor recupere su finura original.
  • Cilindros y segmentos: Vamos a levantar la culata para comprobar el desgaste de las camisas. Si hay "escalón" en el cilindro, tocará rectificar. Cambiar los segmentos (anillos del pistón) devolverá la compresión de fábrica y evitará que consuma o queme aceite.
2. La Culata: Respiración y gasolina sin plomo
Aquí está uno de los puntos críticos para un coche que va a viajar por carretera en pleno siglo XXI.
  • Asientos de válvula para Sin Plomo: Los motores de 1975 estaban diseñados para gasolina con plomo (que actuaba como lubricante). Al desmontar la culata, es el momento perfecto para llevarla a un tornero y adaptar los asientos de las válvulas a la gasolina sin plomo actual. Nos olvidaremos de aditivos para siempre.
  • Guías y retenes de válvula: Si el coche echa humo blanco al retener o al arrancar tras estar parado, los retenes están acartonados. Cambiarlos es una operación barata y muy agradecida.
  • Planificado y junta: Una junta de culata nueva y un planificado del plano de apoyo garantizarán que el circuito de agua y el de aceite jamás se mezclen.
3. El Sistema de Alimentación y Encendido: El arte de la afinación
El Simca 1200 tiene un andar muy alegre si está bien puesto a punto, pero es sensible en su carburación.
  • El carburador (Weber o Solex): Se desmontará por completo, pasará por un baño de ultrasonidos para limpiar los conductos internos y se le instalará un kit de juntas y membranas nuevas. Adiós a los tirones y al ralentí inestable.
  • El distribuidor (Delco): Comprobaremos el desgaste del eje y cambiaremos platinos y condensador (o evaluaremos instalar un encendido electrónico camuflado para olvidar el mantenimiento). Bujías nuevas y cables de alta tensión garantizarán la chispa perfecta.
4. Refrigeración y Lubricación: Enemigos del calor
Ir a concentraciones en verano suele significar caravanas y calor. El Simca debe ir fresco.
  • Bomba de agua y radiador: La bomba de agua se sustituirá por seguridad (las aspas internas suelen erosionarse). El radiador se mandará a limpiar por dentro para eliminar el barro acumulado durante 40 años.
  • Bomba de aceite y limpieza del cárter: Al abrir por abajo, limpiaremos el chapapote del cárter y revisaremos la presión de la bomba de aceite. Un motor bien lubricado es un motor eterno.


¡Os dejo con las fotos del estado actual y pronto os mostraremos las entrañas del motor!


Próxima parada: ¡La carretera!
Desmontar un motor asusta, pero la recompensa de girar la llave, escuchar ese sonido tan característico del Simca y saber exactamente qué llevas bajo el capó no tiene precio. Mi hijo quiere disfrutar de las rutas con la misma tranquilidad con la que yo lo hacía en los 75. Y, viendo su empeño, no tengo duda de que lo conseguirá.


El día que cambié el motor por el canto de los patos: Una mañana en el Parque de San Martín

A veces, el cuerpo y la mente piden un freno de mano. Ayer por la mañana me desperté con una sensación extraña: no tenía ninguna gana de ir ...