30.10.26

Fallo de arranque y paradas mecánicas en el Opel Astra GSi 8V: El peligro silencioso del sensor del árbol de levas.

 

Si tienes un Opel Astra F GSi 2.0 8V (el eterno motor C20NE de 115cv), sabrás que es un coche noble, robusto y mecánicamente muy agradecido. Sin embargo, los años no pasan en balde y la electrónica vieja suele jugar malas pasadas.
Hoy os traemos un brico-caso real que nos ha tenido de cabeza unos días: el coche no quería arrancar o, peor aún, se paraba de repente en marcha en cualquier momento, dejándonos tirados sin previo aviso. Tras revisar los sospechosos habituales (relé de inyección, bomba de gasolina, bujías...), dimos con el verdadero culpable: el sensor de posición del cigüeñal.
Aquí os contamos los síntomas, el diagnóstico y cómo hemos saneado el cableado para dejarlo mejor que nuevo gastando muy poco dinero.

El fallo empezó de forma intermitente. A veces el motor giraba con fuerza pero no llegaba a arrancar. Otras veces, ibas circulando tranquilamente y el motor se apagaba por completo, como si le quitaras el contacto. Al cabo de unos minutos, volvía a arrancar como si nada.
En estos motores, cuando la centralita (Motronic) no recibe la señal del sensor de cigüeñal (el encargado de decirle al motor cuándo y dónde inyectar y dar chispa), corta la corriente por seguridad. Si no hay señal de giro, no hay marcha.



El cableado original se tuesta: Antes de comprar un sensor nuevo, comprueba el tramo de cable que va hacia él. Con los años, el aislante térmico se deshace, los cables se pelan y hacen cortocircuito entre sí y se para.
Encontramos los cables pelados, y casi cortados. Los cortamos del todo para soldarlos fuera del coche y cuando esté todo bien los soldaremos a los que vienen de la centralita.



Pelamos un trozo para estañar las puntas para facilitar luego la unión de los cables del conector al sensor.

Hemos soldado unos trozos de cable más flexibles para que no se casque el recubrimiento de plástico y se vuelvan a pelar o partir. Después de soldar les hemos puesto termo retráctil para que no  hagan contacto unos con otros y diferentes colores para poder diferenciarlos a la hora de soldar.



Ya está casi bien. ahora hay que soldar en la otra parte del cable.



Aquí está la otra parte que va soldada a la que hemos visto antes, los pelaré un poco el plástico para preestañar  y soldar, después todo bien protegido con termo retráctil y a esperar que dure muchos años.
 


Ya se me hacía tarde y lo he dejado así, posiblemente seguiré mañana y cruzaremos los dedos para que todo quede bien.

Lo soldé com estaño, luego recubierto con termoretráctil cada cable por separado, luego dos capas más todo el conjunto, yo creo que no volverá a fallar.


Lo he arrancado varias veces y no falla. 









28.10.26

El día que cambié el motor por el canto de los patos: Una mañana en el Parque de San Martín


A veces, el cuerpo y la mente piden un freno de mano. Ayer por la mañana me desperté con una sensación extraña: no tenía ninguna gana de ir al taller donde tenemos los coches clásicos. Quienes me conocen saben que allí nunca me falta trabajo, ni entretenimiento, ni proyectos entre manos; es mi lugar feliz. Pero ayer simplemente no me apetecía llenarme las manos de grasa ni ponerme a restaurar piezas. Necesitaba otra cosa.
El día amaneció espectacular, con un sol radiante de esos que te obligan a salir a la calle, así que decidí cambiar los caballos de potencia por la tranquilidad de la naturaleza. Puse rumbo a uno de los pulmones verdes de Vitoria-Gasteiz: el Parque de San Martín.



Un refugio verde en plena ciudad
Nada más llegar, supe que había tomado la decisión correcta. El Parque de San Martín es un espacio idóneo para desconectar sin salir de la ciudad. El sol de la mañana iluminaba el agua y los senderos, creando una atmósfera perfecta para pasear sin prisa.
Mi objetivo principal era relajarme, y qué mejor manera de hacerlo que acercándome a sus estanques. Ayer el parque estaba lleno de vida:
  • El vaivén de los patos: Pasé un buen rato observando cómo nadaban tranquilamente y se disputaban los rayos de sol en la orilla.
  • Un concierto de aves: Más allá de los patos habituales, el parque es un imán para diferentes tipos de aves urbanas que revoloteaban entre los árboles, llenando el ambiente con sus cantos.
  • El ritmo pausado: Ver a los vecinos paseando, leyendo en los bancos o simplemente disfrutando del buen tiempo me recordó lo necesario que es, a veces, bajar las revoluciones.






Además, este parque me pilla más cerca de casa, lo que hizo que el plan fuera aún más apetecible y espontáneo. Durante el paseo, aproveché para acercarme a un rincón con mucha historia: el dolmen levantado en honor al célebre historiador y antropólogo D. José Miguel de Barandiarán. Pasar junto a este monumento de piedra, rodeado de vegetación, siempre le aporta un toque especial y reflexivo a la caminata, recordándonos el valor de nuestras raíces mientras disfrutamos del presente.





Volver con las pilas cargadas
Pasar la mañana rodeado de vegetación, escuchando el agua y observando la fauna local fue el bálsamo perfecto. A menudo nos empeñamos en mantenernos ocupados de manera constante, pero estos pequeños "parones técnicos" son obligatorios para no quemarnos.
Me fui del parque con los pulmones llenos de aire fresco, la mente despejada y, ahora sí, con ganas renovadas de volver pronto al taller a seguir mimando nuestros clásicos. Porque para poder acelerar a fondo, primero hay que saber cuándo frenar.

25.10.26

Hoy pasión por el motor en este domingo.

 La "Sra. a los mandos" de ese clásico, dominando el volante en una jornada de ruta, debió de ser un espectáculo fantástico. Es un coche que llama la atención allá por donde pasa, con ese frontal tan característico y sus tres volúmenes tan bien proporcionados. Además, viajar en uno de ellos es volver a sentir la conducción de antes, sin filtros, disfrutando de cada kilómetro del viaje.

Una combinación perfecta para el día: buena compañía, afición por el motor clásico y ese Austin Victoria devorando kilómetros.



Hace buen día, no hay mucho tráfico la situación ideal para disfrutar de un coches clásico.


Es el escenario ideal para salir con un coche de 1973. Conducir un Austin Victoria por una carretera despejada y sin embotellamientos es la única manera de disfrutar de verdad de la mecánica clásica, sin el estrés de los frenazos ni los calentamientos del motor que tanto sufren estos veteranos en los atascos.
Poder mantener un ritmo alegre y constante, escuchando el motor Authi y contemplando los paisajes que rodean Álava en esta época del año, convierte el viaje de ida a ver coches clásicos y vuelta a Vitoria en un auténtico placer. A los mandos del coche, la señora seguro que disfrutó de esa conducción limpia y fluida, donde el coche responde noblemente en cada curva.
Esos kilómetros sin tráfico, donde solo importan el asfalto, el paisaje y el ronroneo del motor, son los que hacen que tener y mantener un coche clásico valga totalmente la pena. ¡Una jornada de diez de principio a fin!


Entramos en la provincia de Vizcaya.

Descendemos el puerto de Barazar.



Ya hemos llegado a destino, hay bastantes coche, dejamos el nuestro y a disfruta, siempre te encuentras con conocidos de otros eventos similares y entablamos conversación.


Es imposible ver estas imágenes y no viajar en el tiempo. Cada coche tiene una personalidad tremenda y están en un estado de conservación espectacular:
  • Los inolvidables SEAT 600: Qué maravilla verlos en distintas "personalidades". El blanco con la baca cargada de maletas de época y cestas de mimbre es una postal andante de las vacaciones de los setenta. El de color crema, ultra personalizado, con faros antiniebla, llantas deportivas y visera, demuestra lo mucho que se querían (y se quieren) estos coches. Y el beige original, una delicia de sencillez y elegancia.
  • El toque deportivo y rabioso: Ese BMW E30 impecable con las llantas de panal de abeja y los faros amarillos tan característicos de la época, y el Opel Kadett GSi rojo tres puertas (con esas llantas blancas que le quedan brutales) representan la viva imagen de las carreteras de finales de los 80. ¡Pura adrenalina de juventud!
  • Los míticos ruteros: El Renault 8 verde claro con los cuatro faros delanteros tiene un aspecto 'racing' de rali clásico precioso, y el Renault 12 verde oscuro metalizado, con esas llantas y la carrocería impecable, evoca los grandes viajes familiares.
  • La elegancia robusta: El Mercedes-Benz (W201/190E) negro luce imponente, un coche señorial que envejeció como el buen vino y que sigue pareciendo un tanque indestructible.










  • El broche final: La magnífica torre barroca con su reloj y campanario es el entorno ideal. Le da un marco histórico inmejorable a la concentración, como diciendo que lo clásico y lo bello siempre perdura.


Sigo con más coches.











Después de un tiempo con los coches clásicos, nos tomamos un café sentados en una mesa, dimos otro paseo por el lugar y emprendimos la marcha de regreso a casa por el mismo sitio pero en dirección contraria.







Le digo a la conductora, vamos rápido que hoy voy a disfrutar  de ese pan que a vosotros  no os gusta.
Pan de centeno, yo de niño cuando iba a ver a mis abuelos paternos y mis tíos casi siempre había en la mesa ese pan de centeno, era el cereal que se sembraba por la zona de Parada del Sil (Orense) ahora cuando voy al Super lo compro, en mi casa solo yo, el resto otros panes, más cantidad me toca.
Qué gran recuerdo. El pan de centeno gallego, especialmente el de las zonas de montaña de Ourense y Lugo, tiene ese carácter único: denso, con una corteza recia que lo protegía durante días y esa miga húmeda con un toque ácido tan característico. En zonas como Parada del Sil, en plena Ribeira Sacra, el centeno (allí centeio) era el rey porque es un cereal duro, capaz de crecer en suelos pobres y soportar los inviernos de la sierra donde el trigo apenas prosperaba.


Tiene toda la lógica del mundo que en tu casa te toque "más cantidad" a ti solo. El pan de centeno 100% o con mucha pureza tiene un sabor intenso y una textura compacta a la que la gente acostumbrada al pan blanco industrial a veces le cuesta entrar. ¡Pero esa es tu gran ventaja!
Al ser un pan con mucha fibra y humedad, se conserva de maravilla durante días sin ponerse duro, al contrario que las barras de trigo que a las pocas horas parecen chicle.

Este pan para uno de los platos de hoy le viene fenomenal para  que se empape bien.

Ese pan que me agrada, lo voy a saborear con el plato que ya ha dejado preparado la Sra. para cuando llegásemos a casa. Estuve tentado de ir a Valderas (León) a probar el bacalao estilo Valderas, me llamó un primo que iba a ir este fin de semana, pero no se me logró el viaje, entonces la Sra. me preparó lo siguiente.
El bacalao al club ranero es una de las joyas de la gastronomía vasca, conocido por combinar magistralmente la sutileza de un bacalao al pilpil con la alegría de una buena fritada o pisto. [
Como curiosidad histórica, este plato nació de la improvisación en Bilbao. Se cuenta que a principios del siglo XX, en la sociedad gastronómica "Club Ranero" (vinculada a un grupo que jugaba a la rana), el cocinero preparaba bacalao al pilpil para unos amigos cuando llegaron más comensales de improviso. Para estirar las raciones y que alcanzara para todos, decidió añadirle una fritada de pimientos, cebolla y carne de pimiento choricero que tenía a mano, creando así una receta mítica.
Las dos claves del éxito
  1. El pilpil: Confitar el bacalao a fuego muy lento con ajos y guindilla para que suelte toda su gelatina. Luego, emulsionar esa gelatina con el aceite templado. Puedes usar el truco casero de ligarlo fácilmente con un colador o la batidora. 
  2. La fritada: Pochar muy despacio cebolla, pimiento verde, pimiento rojo y, fundamental, añadir carne de pimiento choricero junto con un toque de tomate.
Para presentarlo, solo tienes que colocar los lomos de bacalao, napar con el pilpil cremoso, cubrir con la fritada y darle un ligero toque de horno o gratinador antes de servir. ¡A disfrutar del homenaje!


Nosotros hoy no teníamos más invitados ni esperábamos a nadie, se hizo así porque nos gusta, Lo ideal para reponer las fuerzas perdidas en el viaje y los paseos.



Fallo de arranque y paradas mecánicas en el Opel Astra GSi 8V: El peligro silencioso del sensor del árbol de levas.

  Si tienes un Opel Astra F GSi 2.0 8V (el eterno motor C20NE de 115cv) , sabrás que es un coche noble, robusto y mecánicamente muy agradeci...