24.3.26

El paso de los años no nos cambia

Según el calendario, ya hemos entrado en la primavera: fue el pasado 20 de marzo a las 15:46. Y aunque las fotos que comparto hoy no son actuales, siguen teniendo ese poder de detener el tiempo. Pertenecen a este mismo día, pero de hace nada más y nada menos que trece años. Entonces, como ahora, la primavera ya había permitido que los árboles florecieran. Este año también los he visto llenos de flores desde hace días. La vida sigue su curso, silenciosa y constante, recordándonos que algunas cosas permanecen pese al paso de los años.
He recurrido a imágenes de otros tiempos porque recordar es, en cierto modo, volver a vivir. Además, he tenido un pequeño contratiempo de salud que, por ahora, no me permite hacer esas salidas y disfrutar de los coches clásicos como tanto me gusta. Pero todo se andará. La primavera siempre vuelve, y yo también volveré a la carretera cuando toque.


El día 23/03/2013 fuimos a pasar  la ITV de los coches clásicos, yo participé con el Austin Victoria.


Mi hijo llevó el Mini Cooper



Nos juntamos unos cuantos aficionados con el mismo fin, la Inspección Técnica de Vehículos (ITV)

Ya estamos en la puerta en espera del turno.

Después de pasar la inspección a los coches no fuimos hasta el Monumento al Pastor en Ameyugo Burgos.



Después de hacer la visita por el entorno, nos acercamos al restaurante del lugar para reponer las pocas fuerzas perdidas durante la espera al veredicto de los técnicos . Después un buen trago de vino para celebrarlo.


Varios entremeses compusieron el menú del almuerzo, fue abundante y variado.

Croquetas, chorizo a la sidra y pulpo.

No nos faltó ni comida ni bebida.


Ya para finalizar, nos sirvieron una buena bandeja de pasteles para finalizar un buen sabor de boca sobre todo dulce.😋

Vamos que estuvo para repetir, alguna vez he vuelto por allí con amigos y siempre cumple las espectativas.








 

11.3.26

Hay veces que es necesario un dulce para una celebración.

 El 8 de marzo es un día especial por partida doble. Celebramos la fuerza, la valentía y la lucha de la mujer trabajadora, un reconocimiento merecido a todas aquellas que han abierto camino y a las que siguen construyendo un mundo más justo. Pero, para mí, esta fecha guarda además un significado íntimo y profundo: es el cumpleaños de mi padre.

Aunque ya no está físicamente entre nosotros, su presencia sigue viva en cada recuerdo, en cada gesto que nos enseñó y en cada huella que dejó en nuestras vidas. Su ausencia se siente, pero su memoria nos acompaña, nos guía y nos reconforta. En este día, mientras celebramos a tantas mujeres que transforman el mundo, también celebro a él, que tanto transformó el mío.

Para esta doble celebración me he puesto el delantal y he querido preparar un postre para disfrutarlo junto a mi señora y nuestro hijo. De vez en cuando me gusta meterme en la cocina y hacer algún dulce, aunque normalmente es ella quien se encarga de estas delicias. Hoy, sin embargo, le he “usurpado” el puesto con cariño, porque quería que este día tuviera un sabor especial, un sabor que pudiéramos compartir los tres.

Mientras mezclaba ingredientes y el aroma empezaba a llenar la casa, no podía evitar pensar en mi padre. Él también era de esos que encontraban en los pequeños gestos una forma de demostrar amor. Quizá por eso hoy sentí la necesidad de hacer algo con mis propias manos, algo sencillo pero lleno de intención. Cocinar este postre se convirtió en una manera de recordarlo, de sentirlo cerca, de celebrar su vida mientras celebramos también la fuerza de todas las mujeres que han marcado la nuestra.

Y así, entre risas, harina y recuerdos, este 8 de marzo se ha transformado en un día completo: un homenaje a quienes luchan, a quienes nos enseñaron a ser quienes somos y a quienes, aun sin estar, siguen acompañándonos en cada gesto cotidiano. Porque al final, la vida está hecha de estos momentos compartidos, de estas pequeñas celebraciones que nos unen y nos recuerdan lo verdaderamente importante.

Hoy han sido un par de dulces los que he preparado: unos coquitos y una larpeira, ese postre tan típico de algunas zonas de Galicia dónde mi padre nació. “Larpeiro” significa goloso, y creo que no podría haber un nombre más apropiado para describir el espíritu con el que me metí en la cocina. Quería que este día tuviera ese toque casero, ese sabor que solo se consigue cuando uno cocina pensando en quienes quiere.

Mientras formaba los coquitos y la masa de la larpeira reposaba, me venían a la mente recuerdos de mi infancia, de esos momentos en los que los olores de la cocina marcaban el ritmo de la casa. Hoy, sin darme cuenta, estaba recreando un poco de aquello: un gesto sencillo, pero lleno de cariño, que une generaciones y mantiene vivos los vínculos incluso cuando alguien ya no está físicamente con nosotros.

Ver a mi señora y a nuestro hijo esperando a probar los dulces, con esa mezcla de curiosidad y complicidad, hizo que todo cobrara aún más sentido. Al final, cocinar no era solo cocinar: era celebrar, recordar, agradecer y compartir. Era unir en un mismo día la lucha y la memoria, el presente y el pasado, lo que somos y lo que nos enseñaron a ser.

Ahí están ya listos.


Estos son los coquitos, están hechos con leche condensada y coco rallado, muy sencillos.


La larpeira me ha llevado más trabajo, hay unos cuantos ingredientes que hay que mezclar y amasar para que todo quede bien homogenizado.


Ahora un tiempo de reposo a la masa antes de extenderla, generalmente se hace en redondo, yo la he puesto en la bandeja del horno que es rectangular. 


Como decía antes, rectangular como la bandeja del horno. 


Le he hecho unos cortes profundos con el cuchillo para añadir crema pastelera en los huecos.


Cada poco vigilaba el horno para que no se quemase, en este momento de la foto, ya se ve que está cogiendo color.


¡Ya está lista! la bañamos con un almibar al que le hemos añadido anís ¡que rica!


Ya está todo listo. Solo falta el momento de degustar la larpeira y los coquitos, y con ello dar comienzo a esta pequeña gran celebración. A veces no hace falta nada más: un dulce hecho con cariño, una mesa compartida y las personas que uno quiere cerca. Hoy, en este día tan simbólico, estos sabores se convierten en un homenaje sencillo pero profundo, una forma de celebrar la vida, la memoria y el amor que nos une.
Vamos a celebrarlo, a disfrutar de este momento que mezcla tradición, recuerdo y alegría. Porque al final, son estos instantes —los que parecen pequeños— los que terminan llenando el corazón.



Lo siento, hoy no han sido los coches clásicos, el día tan señalado merecía algo diferente.





3.3.26

¡Pasó la ITV sin fallos!

Ayer, día 2 de marzo, pedimos cita para pasar la ITV al Toyota Supra, al que llevamos un tiempo arreglándole el motor. Teníamos la cita por la tarde, a las 19:00, así que me daba tiempo a ir antes al café-tertulia que tengo con unos amigos desde hace muchos años. Eso no se puede perder.

Revisamos todas las cosas que, de forma visual, podemos comprobar: luces, cinturones de seguridad, etc.

El coche llevaba unos años parado, esperando a que le reparáramos la junta de culata que había fallado. Es un coche que no se usa habitualmente, y hemos ido posponiendo la reparación hasta encontrar tiempo y ganas para meterse en una tarea tan ardua, tanto en horas como en dinero. Le hemos puesto una junta de culata Cometic, tornillos ARP y, además, un turbo nuevo. Tiene que estar contento el coche con todo lo que se ha invertido en él.

¡Vamos en marcha a la ITV!


En marcha y sin forzar nada el motor vamos avanzando hasta llegar a Miranda de Ebro que es donde hemos pedido la cita.




Aquí en este punto nos desviamos dirección Miranda de Ebro.


El Sol se estaba ocultando por el Oeste, casi deslumbraba.


Llegamos a la  provincia de Burgos, aunque ya hemos atravesado parte del Condado de Treviño que pertenece a la misma provincia.

Ya la tenemos ahí a la vista, ahora vamos a ver si hay mucha espera.

Está concurrida, toca un tiempo de espera.

Esta es la  pegatina de la última ITV que se le pasó. 

El resultado de la inspección ha sido favorable y sin una anotación o incidencia mínima.

Así da gusto, ir y que no encuentre ningún fallo. Ahora a disfrutar con el coche y que dure muchos años.


26.2.26

Qué alegría cuando pruebas el coche y todo funciona.

 Seguimos con el Toyota Supra MK3 turbo. Preparar el motor de un clásico no es cuestión de velocidad, sino de dedicación. Se avanza despacio, saboreando cada momento, porque este tipo de trabajos no tienen prisa: son un refugio, una forma de desconectar y disfrutar. Si lo acabáramos en un suspiro, tendríamos que buscar otro proyecto para llenar ese vacío. Por eso es mejor avanzar con calma y dejar que el coche, poco a poco, vuelva a la vida como se merece. Ha esta años esperando pacientemente a que le llegase su turno.

Ahí está con los últimos retoques esperando salir a la carretera.


El soporte para sujetar la batería no venía incluido. Mi hijo quería comprar la pieza original, pero lo convencí de que no hacía falta. Me puse manos a la obra y estoy intentando fabricar uno con lo que tengo por casa. Estoy seguro de que la batería quedará perfectamente sujeta.


Voy paso a paso, sin prisa pero sin pausa.



Me falta atornillar los dos puntos de anclaje, En este momento tiene esa batería pero la próxima vez que necesite cambio de batería quizás se un poco diferente, el soporte debe seguir pudiéndose utilizar le he puesto dos escuadreas con regulación en anchura mediante dos pequeñas correderas, en altura también se puede ajustar mediante una varilla roscada y dos tuercas en cada lado. Lo he pintado, a quedado a gusto de mi hijo que es el que lo va a utilizar.






Ya está terminado el soporte.



En un momento de descanso, disfrutando de la vista y línea del coche.

Estamos ya muy cerca de poder hacer una prueba del coche en carretera; es ahí donde realmente se detectan y se notan los fallos, si los hubiera.


Ya está en la calle, se le tuvo que corregir y bajar un poco la presión del turbo, el coche se auto protegía y daba tirones. Ahora ya va como la seda. Está a falta de colocar la antena de la radio y que nos deje disfrutar unos años sin averías. 


Unos videos de uno de los primeros arranques del motor después de reparado y también un paseo que nos hemos dado.




Ya estamos más tranquilos sabiendo que el coche va bien e iremos haciendo cosas como poner alfombrillas, la antena de la radio, recientemente se le compraron las llantas originales, todo se andará.















16.2.26

Ha sido larga la espera que ha sufrido este coche, pero ya está casi en marcha.

 Meterse a revivir un Toyota Supra MK3 turbo no es un simple arreglo… es una declaración de guerra al desgaste, al tiempo y a cualquier calentón que haya querido tumbar al mítico 7M‑GTE. Y ahí estamos mi hijo y yo, codo con codo, desmontando la culata como quien abre un cofre antiguo lleno de secretos mecánicos.

La vieja junta dijo basta, el motor se calentó más de la cuenta y tocó hacer lo que hacen los valientes: levantar culata, limpiar heridas y prepararlo para volver más fuerte que nunca. Nada de remiendos. Aquí se juega en serio: junta multilaminar, tornillería reforzada y la firme intención de que este Supra no vuelva a agachar la cabeza.

Pero claro, una MLS no perdona. Exige superficies perfectas, culata y bloque planísimos, como espejos listos para sellar cada explosión con precisión quirúrgica. Y esos tornillos nuevos  piden su ritual: par de apriete exacto, lubricante adecuado y ciclos de apriete como si estuvierais afinando un instrumento de competición.

Porque un 7M que ha pasado por un calentón no se deja domar tan fácil. Hay que revisarlo todo: grietas en culata, pasajes de agua, el turbo que quizá sufrió el susto, el sistema de refrigeración entero. Cada detalle cuenta cuando quieres que un motor vuelva a rugir como si acabara de salir de fábrica.

Y cuando todo esté limpio, rectificado, medido y montado… llegará el momento mágico: purgar, arrancar, escuchar. Ese primer ronroneo que dice “estoy de vuelta”.

Lo que estamos haciendo no es solo mecánica. Es legado, aprendizaje, pasión por la máquina. Es devolverle el alma a un Supra que se negó a morir.

Nos encontramos con todos los conductos de refrigeración obstruidos de oxido y lodo debido a que con anterioridad han empleado agua como refrigerante.



Llevamos la culata a revisar por si había alguna fisura en su interior, una pasada en la rectificadora para que quedase todo pulido para montar la junta nueva.



Cuando llegaron todas las piezas nuevas y la culata iniciamos el montaje. Ha sido un montaje pausado sin prisas.

Como si se tratase de un rompecabezas se van añadiendo pieza tras pieza para completar el puzle.

No solo fue la culata, también pusimos un turbo nuevo, el suyo ya había cumplido su función a lo largo de los años y estaba achacoso con mucha holgura en su eje.


Ahora ya está a falta de un par de piezas.


Esta pieza se rompió al intentar sacarla de su sitio, tuvimos que apañarnos para hacer una similar partiendo de un tornillo con la misma rosca que la pieza original. posteriormente ayudados del torno hicimos una pieza similar que cumple su función.

No teníamos una llave para poder apretar la pieza de la foto anterior, lleva el tornillo una llave de 32 pero todas eran cortas y no entraban, Vamos a hacer una llave que sirva para poder apretar bien, sin problemas.
Cortamos una llave de 32 hicimos una arandela para poder soldar sobre ella un trozo de tubo para que cupiera el sombrero que lleva sobre la cabeza del tornillo.


Hay que alargarla como mínimo un trozo similar al espacio que hay entre las dos partes de la llave.


Soldar, tornear para que la arandela que hemos soldado tenga espacio para que quepa la pieza.


Ya está la llave lista para su función.


Únicamente nos falta colocar la unión del turbo con el escape, no quedaban bien alineados y por lo tanto no coincidían, se nos hacía la hora de dejarlo y se pospuso hasta el día siguiente.  


Ya estaba todo casi montado y no pudimos resistir la tentación de darle a la llave de arranque y comprobar si el motor arranca aunque no esté conectado al tubo de escape. 


Arrancó sin problemas y nos llenó de satisfacción. Nos da la impresión de que, por fin, va a funcionar y volverá a la carretera después de más de ocho años esperando este momento.
Ahora toca limpiar bien todo el circuito de refrigeración para evitar que vuelva a ocurrir lo mismo. Nada de agua: un buen líquido refrigerante y cambiarlo con cierta regularidad.






El paso de los años no nos cambia

Según el calendario, ya hemos entrado en la primavera: fue el pasado 20 de marzo a las 15:46. Y aunque las fotos que comparto hoy no son act...