16.10.26

Por fin salimos a probar el coche hasta Aiurdín

 

¡Velocímetro instalado y prueba superada! 

¡Por fin! Ayer nos llegó la última pieza que nos faltaba para dejar el coche a punto: el cable del velocímetro. Tras días de espera y con muchas ganas acumuladas, no quisimos demorarlo ni un minuto más. Así que esta misma mañana, mi hijo y yo nos hemos puesto manos a la obra en el garaje para dejarlo todo perfectamente montado.

Trabajar juntos en el coche, compartiendo herramientas, trucos y esa misma pasión, siempre convierte cualquier reparación en un momentazo. Pero lo mejor venía después: tocaba salir a la carretera a comprobar que todo había quedado OK.

Ver la aguja marcar la velocidad con suavidad mientras devorábamos los kilómetros fue la mejor recompensa al trabajo hecho en casa. Todo ha quedado perfecto, sin ruidos extraños ni desajustes.





Ruta de prueba: Rumbo al puerto de Aiurdin

Para probar la aguja del velocímetro elegimos un recorrido rápido pero completo. Salimos de Vitoria directos hacia el puerto de Aiurdin:

  • La ida: Subimos disfrutando del trazado y atravesando los túneles de Aiurdin.

  • El regreso: Para variar la ruta y probar el coche en distintas situaciones, volvimos tranquilamente por la carretera vieja, serpenteando por encima de los túneles.



Nos desviamos aquí para ir dirección Zarate y bajar por Aiurdín .

Lo hemos probado por la autovía y ahora toca carretera.

Estamos subiendo el Puerto de Aiurdín.


Ya estamos en la cima del puerto, vamos a parar un momento para sacar un par de fotos al coche.

Ahí está todo reluciente, ha llevado mucho trabajo pero al verlo ahora así supera todo el trabajo y el tiempo que hemos invertido en él.

No me apetecía bajarme y me he quedado tan agusto mientras mi hijo sacaba las fotos.


Ya está probado, ahora vamos de regreso de nuevo a Vitoria que esta tarde alguno tiene que cumplir con su trabajo, otros ya hemos cumplido con el trabajo y nos toca disfrutar el tiempo que nos quede aquí.


Nos volvimos a reincorporar a la autovía para llegar a Vitoria, ahora vamos a guardar el coche, mañana más.


 



12.10.26

Hoy en Basauri Motorday 2026

Hoy hemos ido toda la familia a Basauri, un lugar que siempre me toca la fibra. Han sido muchos años viviendo allí, muchas calles recorridas, muchas historias que aún se me quedan pegadas a la memoria. Ahora están de fiestas y nos apetecía volver, pasear por lo conocido, reencontrarnos con ese ambiente que solo Basauri sabe tener.

Además, se celebraba el Basauri Motorday, y claro… no podíamos faltar. A todos nos gustan estas cosas de coches, y a mí especialmente me brillan los ojos cuando veo motores, carrocerías y ese ambiente de aficionados que hablan el mismo idioma sin necesidad de presentarse.

Ha sido un día completo: familia, recuerdos y coches. Volver a Basauri siempre es como abrir una ventana al pasado, pero hoy, con el Motorday, también ha sido una celebración del presente. Un día para disfrutar, para recordar y para seguir sumando momentos que merecen ser contados. 

Salimos de Vitoria dirección Bilbao por Altube. Yo hoy de copiloto, aprovecho para ir haciendo fotos


Entrando en los túneles de Aiurdin.

Cuando vamos con coches clásicos o no casi siempre vamos por la carretera sin utilizar la autopista.


Entrando en la provincia de Vizcaya.


Siempre que paso por aquí me fijo en la construcciçon de esta casa, pues foto.

Ya vemos Basauri desde la carretera, ahora a buscar sitio, siempre está complicado, ahora con las fiestas peor.


Entrada de Basauri monumento al irrintzi en el aire.

Después de varias vueltas para encontrar sitio, nos acercamos a los coches expuestros.


Al que le interese puede ver alguna de las fotos que he sacado hoy a los coches que nos hemos encontrado hoy en Basauri.






















Había mucha asistencia de coches y público.








Después de un pintxo y un mosto, regresamos a Vitoria



Membrillos de la casa donde nací

 Membrillos que vuelven a casa

Ayer recibí una llamada que me descolocó el corazón. Un familiar me preguntó si quería membrillos… pero no unos cualquiera: eran los membrillos, los de los árboles de la casa donde nací. La casa de mis abuelos. Árboles que me vieron correr, caerme, levantarme y aprender a mirar el mundo. ¿Cómo decir que no? Solo escucharlo ya me encendió la ilusión como una chispa.

Cuando llegaron, venían en abundancia: kilos y kilos, como si la infancia hubiera decidido volver de golpe. Y claro, no había tiempo que perder. El membrillo exige respeto y trabajo, y yo quería honrarlo. Me puse manos a la obra sin pensarlo: lavar, cortar, cocer, remover… ese ritual lento y pesado que, cuando lo haces con cariño, se convierte en una especie de conversación con el pasado.





Mientras el dulce espesaba, yo pensaba en mañana: Basauri, Vizcaya. Coches. Motores. Carrocerías que brillan como espejos. Una cita que no me quiero perder por nada. Así que hoy tocaba apurar, avanzar, dejar todo listo para poder disfrutar mañana sin prisas, sin remordimientos, con el dulce ya reposando y la ilusión en marcha.



Al final, entre el aroma del membrillo y la emoción por la escapada, el día quedó perfecto. Hay trabajos que cansan, sí, pero también hay trabajos que reconcilian con lo que uno es. Este dulce de membrillo es eso: un puente entre mi origen y mi presente, entre la cocina y la carretera, entre lo que fui y lo que sigo siendo.

Sin más demora vamos a hacer una cata del membrillo acompañado de pan y queso.

¡Perfecto! podemos seguir la producción 😂


Por hoy es suficiente trabajo, continuaremos en otro momento, esto no se puede desaprovechar.😍

Por fin salimos a probar el coche hasta Aiurdín

  ¡Velocímetro instalado y prueba superada!  ¡Por fin! Ayer nos llegó la última pieza que nos faltaba para dejar el coche a punto: el cable ...