18.5.26

Recordando rutas efectuadas hace unos años.

 Ruta por el norte de Burgos: un viaje que deja huella. 

Hace trece años de esta escapada desde Vitoria y sus paisajes siguen pareciéndome de los más bonitos que he visto. Un recorrido lleno de contrastes:
🦅 Las salinas y el castillo de Poza de la Sal.
💙 El abismo transparente del Pozo Azul en Covanera.
🏞️ El encanto escondido de San Felices del Rudrón.
🌊 El rugido del agua en Orbaneja del Castillo.
🏰 La majestuosidad del Alcázar en Medina de Pomar.
Kilómetros de carretera, pueblos de piedra y naturaleza en estado puro.. 
Primera parada desde que salimos de Vitoria, junto al castillo denominado de Los Rojas debido a que  en el año 1298 Fernando IV entregó Poza a Juan Rodríguez de Rojas que protegieron las salinas y se hicieron con el total de las explotaciones.






Hoy está el páramo próximo a Poza de la Sal lleno de generadores eólicos.

Fuimos pasando pueblos con ganas de llegar a nuestro destino pero disfrutando del recorrido y de las vistas.







Por fin llegamos a las cascada de Orbaneja del Castillo y tuvimos suerte que tenía agua en abundancia .

Después de ver esa maravilla que nace en la Cueva del agua, encima de las casas, atraviesa el pueblo y se precipita al río Ebro en una cascada de unos veinticinco metros de altura.

Para no regresar por la misma carretera seguimos hacia adelante dirección Medina de Pomar, desde ese punto regresar a Vitoria.

Me encontré un gato montes (felis silvestris) he andado muchos años por el monte y nunca los había visto con anterioridad. Si me he encontrado gatos asilvestrados pero este era diferente, con la máquina de  fotos utilizando el zoom conseguí estas dos fotos.


Me vio y abandonó el lugar para adentrase en la maleza.

Este es el recorrido efectuado.



9.5.26

Coches, radio y resilencia.


"Si los coches hablaran, los míos contarían la historia de mi propia espalda.


Todo empezó con una locura de juventud: un Simca Aronde comprado a medias entre tres amigos. No sé qué tenía más, si ilusión o kilómetros, pero fue nuestra escuela. 

Después vino mi etapa 'fiel' a la marca: el Simca 900, juguetón y ruidoso, y el inolvidable Simca 1200, un coche que aguantaba lo que le echaras.
Sin embargo, el destino me tenía guardado un regalo especial: mi primer clásico de verdad, un Austin Victoria. Recibir aquel coche fue como recibir una pieza de historia; su línea elegante y su aroma a otra época me terminaron de atrapar en esta afición.


Pero el tiempo no perdona, y mis intervenciones de columna empezaron a dictar qué pedales podía pisar. El Opel Kadett 1.8i fue un gran compañero de carretera, potente y fiable, pero mi movilidad me pidió un cambio de planes. Así llegó el Chrysler Neón 2.0 automático.
Pasar de la batalla de los cambios manuales y la dirección dura a la suavidad del Neón fue un bálsamo. A veces, 'bajarse' de un clásico para subirse a un automático no es una rendición, sino una forma inteligente de seguir en la carretera. 

Hoy, mientras me recupero de una nueva batalla quirúrgica, miro las fotos de aquel Austin y recuerdo que, ya sea con palanca o en 'Drive', lo importante es que el motor del entusiasmo siga arrancando a la primera."
Antes que los coches clásicos hubo otras aficiones que han sufrido un parón para dejar paso a otras nuevas. No me desprendo de nada de las aficiones anteriores entonces es muy fácil retomarlas y volver a experimentar con todo aquel material que ha acumulado polvo por el tiempo que lleva inactivo. Voy a desempolvar equipos.

Mi primer equipo de CB fue un carkit. entonces existían dos marcas, la citada y a sales kit.  Yo había probado con unos talkies de  juguete, me gustó el tema de poder hablar a distancia con otras personas. Se fueron montando pieza a pieza sobre una placa, luego ajustes manuales para empezar a oír cosas ¡qué emoción!

Luego vino esta emisora con bandas laterales, era una delicia el poder hablar con aficionados de otros países 


Luego vinieron los exámenes para obtener licencias de radioaficionado, obtuve La licencia B para poder manejar equipos de  dos metros de longitud de onda. 



Luego llegaron los exámenes de EC y EA, aquí tuve que aprender a transmitir y recibir en código Morse. llegaron nuevos equipos, más bandas para poder hablar con más aficionados.

Hasta hoy han estado parados todos los equipos, están un poco descuidados , me faltan cables de conexión, micrófonos, todo se andará. 



Más y más equipos que han llegado, unos regalados por averías que he ido resolviendo.



Me compré hasta PMR.



También tengo algún Baofeng, hay de todo como en botica. Ahora es necesaria la salud y la paciencia para ir ordenando todo  par que vuelvan a funcionar.


25.4.26

“Paseo por Vitoria en modo convaleciente” montado en mi silla de paseo.

 

Hoy sábado hemos salido a dar un paseo por Vitoria y la ciudad tenía ese brillo especial que solo aparece cuando se acerca una fiesta grande. No hace falta mirar el calendario: basta con caminar un rato para notar que San Prudencio está ya llamando a la puerta.

Las calles del centro lucen engalanadas, como si cada balcón y cada farola hubieran decidido vestirse de gala para la ocasión. En las plazas se respira un movimiento distinto, una mezcla de rutina y expectación que solo se da cuando una celebración es realmente de casa. Los preparativos se intuyen en cada esquina: un tamboril que ensaya a lo lejos, un grupo revisando vestuario, los carteles recién colgados anunciando actos y conciertos.

Hay algo muy nuestro en esta antesala. Ese ambiente que combina tradición, música y gastronomía, donde el olor a caracoles y perretxikos parece adelantarse al calendario. La ciudad entera se transforma poco a poco, como si Vitoria supiera que está a punto de reencontrarse con una de sus fiestas más queridas.

Pasear hoy ha sido como caminar por un prólogo: un capítulo previo que anuncia lo que viene sin desvelarlo del todo. Y quizá por eso tiene tanto encanto. Porque en estas vísperas, la ciudad no celebra todavía… pero ya sueña con celebrar.

Y mientras Vitoria se prepara para celebrar, yo sigo en mi propio proceso: convaleciente, recuperando fuerzas poco a poco y obligado —momentáneamente— a cambiar mi rutina habitual. Mis coches clásicos, que son mi refugio y mi lugar de esparcimiento, tendrán que esperar un poco más para recibir mis cuidados. Ellos, pacientes; yo, no tanto.

Para mantenerme activo, me he pasado a actividades más livianas. Nada de llaves fijas ni motores: ahora tocan recetas, masas y hornos. La repostería se ha convertido en mi nuevo entretenimiento, aunque tiene un pequeño inconveniente… hay que probar lo que uno hace, y eso no siempre encaja con la dieta estricta que me han impuesto.

Porque, claro, en casa tengo a mi enfermera particular, la Sra. jefa, que no me deja saltarme ni una coma del protocolo médico. Ni por despiste, ni por piedad, ni por aquello de “total, por un poquito no pasa nada”. Aquí se cumple lo que dice el doctor como si fuera palabra sagrada.

Así que mientras la ciudad se prepara para la fiesta grande, yo preparo bizcochos y galletas, soñando con el día en que pueda volver a arrancar mis coches, moverlos un poco y sentir ese olor a gasolina que tanto echo de menos. Todo llegará. Como San Prudencio, que siempre vuelve, también volverá mi rutina.

De momento, disfruto de estas vísperas a mi manera: paseando, observando, recuperándome… y horneando.

Hoy comparto con vosotros las fotos que he ido sacando durante el paseo.































Y así termina este día de paseo tranquilo por Vitoria, entre preparativos de San Prudencio y mis propios pasos de recuperación. La ciudad se viste de fiesta mientras yo sigo vistiéndome de paciencia, disciplina y algún que otro dulce a escondidas —siempre bajo la atenta mirada de mi enfermera particular, que no me deja ni respirar fuera del guion médico.

Volveré pronto a mis rutinas, a mis coches clásicos y a mis escapadas mecánicas, pero hoy me quedo con este ritmo más pausado, con el aire festivo que ya se respira en las calles y con la certeza de que cada etapa tiene su encanto, incluso esta.

Pese a estar convaleciente no he cambiado mucho el aspecto, he bajado un poco de peso pero aún me sobra. Saludo para todos.


Foto sacada hoy con un fondo especial



Mañana será otro día, y lo contaremos.

Recordando rutas efectuadas hace unos años.

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