Esta mañana teníamos pendiente pasar la ITV al Audi TT, salimos sobre las nueve de la mañana del garaje y nos pusimos rumbo a Miranda de Ebro allí vamos con cierta frecuencia, llevamos años pasando allí al parecer somos de costumbres fijas tal es así que mañana volvemos con el BMW que le toca inspección también.
El viaje de ida transcurrió sin problemas a pesar de que había mucho frío y algo de niebla, con prudencia y la calefacción solventamos el mal tiempo.
Este viaje tenía un significado especial para nosotros. El Audi TT se ha incorporado recientemente a nuestro garaje y esta era, literalmente, la primera vez que nos enfrentábamos a la ITV juntos. Al ser una unidad nueva en casa, siempre se viaja con esa pequeña dosis de incertidumbre sobre qué te vas a encontrar en la línea de inspección, un gusanillo que se multiplicaba al tener que legalizar los separadores. Superar la prueba con éxito en Miranda de Ebro ha sido el bautismo de fuego perfecto para confirmar que el coche está en un estado impecable y listo para disfrutarlo al máximo.
Como suele pasar en la carretera, las imágenes capturan solo una parte de la realidad. El frío intenso de esa mañana no se llega a apreciar en la foto, pero sí quedó retratada esa niebla que nos acompañó durante el viaje; una bruma que, afortunadamente, no llegó a ser muy espesa, pero sí lo suficiente como para darle al trayecto un ambiente invernal y misterioso ideal para las líneas del TT.


La geografía de nuestra ruta tiene una peculiaridad que siempre me ha parecido curiosa. La autovía A-1 avanza por tramos que pertenecen a la provincia de Álava, para luego introducirse de lleno en el Condado de Treviño —que administrativamente es Burgos— y, más adelante, volver a entrar en territorio alavés. Es un constante salto de fronteras invisibles. De hecho, muy cerca de la propia estación de la ITV en Miranda de Ebro se encuentra el límite provincial, un detalle que añade un toque extra de carácter a un viaje donde la carretera, la burocracia y los límites territoriales se cruzan en apenas unos pocos kilómetros.

Una vez en la línea de inspección, la cita se transformó en
una larga estancia en el local. Había que Homologar reformas, no es un visto y no visto:
el proceso exigió una infinidad
de mediciones minuciosas, comprobando anchos
de vía, cotas y que todo estuviera milimétricamente bajo reglamento. Tras una
tensa espera y un trabajo impecable por parte de los técnicos, el resultado fue
completamente satisfactorio.
El TT ya rueda de forma 100% legal..
Afortunadamente, el viaje de ida fue sobre ruedas y
llegamos a Miranda sin ningún contratiempo. Cumplimos con la inspección, pero
lo verdaderamente increíble ocurrió a la vuelta, sobre las doce del mediodía.
De repente, la pantalla del GPS se iluminó con
insistencia mandándonos un desvío drástico: había que abandonar la A-1 y
cruzar por las carreteras interiores del Condado de Treviño. En ese momento
uno siempre duda. Piensas: "¿De verdad me compensa dar este rodeo por
un puerto o una comarcal?". Decidimos confiar en el navegador. Y menos
mal.
Al llegar a casa y revisar las noticias locales,
descubrimos de lo que nos habíamos librado. No era un simulacro de emergencias
en los túneles, como se rumoreaba en un principio. Apenas unos minutos
después de que nosotros pasáramos a las nueve, se produjo un accidente real en
el interior de los túneles de La Puebla de Arganzón. Información de la IA.
El siniestro obligó a la DGT a cortar por completo
todos los carriles en sentido Vitoria-Gasteiz. Para colmo de males, el
accidente coincidió en el mismo punto con unas obras asfálticas programadas. El
resultado a las doce del mediodía —la hora exacta de nuestro regreso— era un bloqueo
absoluto con retenciones kilométricas. El embudo perfecto.
Gracias a la rápida reacción del GPS y a las
carreteras secundarias de Treviño, pudimos bordear el caos mientras el tráfico
de la A-1 quedaba totalmente paralizado. Al final, la jornada nos dejó tres
conclusiones claras: el Audi TT duerme tranquilo con su pegatina al día, la
paciencia con la niebla tiene premio y, definitivamente, nunca hay que
llevarle la contraria al GPS. pero con cuidado que algunas veces también se equivoca y te lleva a un callejón sin salida. 😂
En este momento exacto que inmortaliza la foto estamos llegando a Treviño. Fue ahí donde pudimos comprobar que el comportamiento del TT en las curvas de esta carretera es, sencillamente, impecable. A pesar de la humedad matinal que acechaba en las zonas sombrías, el coche demostró una adherencia al asfalto espectacular, transmitiendo una seguridad total y permitiéndonos trazar cada giro con una finura que convierte la conducción en un auténtico disfrute.


La ruta de regreso nos llevó a cruzar el corazón del enclave a través de sus pequeños pueblos. Fuimos dejando atrás Franco, Ventas de Armentia y Uzkiano, en un tramo donde la carretera se vuelve más íntima y paisajística. Desde allí iniciamos el ascenso al puerto de Vitoria, coronando la montaña antes de iniciar el descenso que nos dejó junto a la localidad de Castillo, ya a las puertas de Vitoria. Un recorrido con un encanto especial que convirtió un desvío obligatorio en un viaje de lo más disfrutable.
La carretera en esta época otoñal está sencillamente preciosa. Con las orillas completamente flanqueadas por árboles y una flora que despliega una infinidad de colores, el camino invita a levantar un poco el pie del acelerador; merece la pena ir sin prisas, deleitándose y disfrutando de un paisaje que convierte el viaje en un auténtico espectáculo visual.
Ya estamos de vuelta en Vitoria y toca guardar el coche en el garaje. Llega el momento de repartir tareas: a alguno que yo me sé le toca ponerse el mono y salir corriendo a trabajar para ganarse el pan. Otros, afortunadamente, por cuestiones de edad ya estamos exentos de esas obligaciones laborales y nos quedamos con la mejor parte: disfrutar del día, del coche y de las buenas rutas. ¡Un final redondo para una mañana redonda!
Al final, lo que comenzó como una mañana de burocracia, frío y mediciones al milímetro, terminó regalándonos una de esas rutas que se disfrutan con los cinco sentidos. El TT ha superado su bautismo de fuego con nota, demostrando que está en un estado impecable tanto en los papeles como sobre el asfalto. Nos quedamos con los colores del otoño, la satisfacción del trabajo bien hecho y la suerte de haber esquivado el caos en el momento justo. ¡Hasta la próxima ruta!