16.2.26

Ha sido larga la espera que ha sufrido este coche, pero ya está casi en marcha.

 Meterse a revivir un Toyota Supra MK3 turbo no es un simple arreglo… es una declaración de guerra al desgaste, al tiempo y a cualquier calentón que haya querido tumbar al mítico 7M‑GTE. Y ahí estamos mi hijo y yo, codo con codo, desmontando la culata como quien abre un cofre antiguo lleno de secretos mecánicos.

La vieja junta dijo basta, el motor se calentó más de la cuenta y tocó hacer lo que hacen los valientes: levantar culata, limpiar heridas y prepararlo para volver más fuerte que nunca. Nada de remiendos. Aquí se juega en serio: junta multilaminar, tornillería reforzada y la firme intención de que este Supra no vuelva a agachar la cabeza.

Pero claro, una MLS no perdona. Exige superficies perfectas, culata y bloque planísimos, como espejos listos para sellar cada explosión con precisión quirúrgica. Y esos tornillos nuevos  piden su ritual: par de apriete exacto, lubricante adecuado y ciclos de apriete como si estuvierais afinando un instrumento de competición.

Porque un 7M que ha pasado por un calentón no se deja domar tan fácil. Hay que revisarlo todo: grietas en culata, pasajes de agua, el turbo que quizá sufrió el susto, el sistema de refrigeración entero. Cada detalle cuenta cuando quieres que un motor vuelva a rugir como si acabara de salir de fábrica.

Y cuando todo esté limpio, rectificado, medido y montado… llegará el momento mágico: purgar, arrancar, escuchar. Ese primer ronroneo que dice “estoy de vuelta”.

Lo que estamos haciendo no es solo mecánica. Es legado, aprendizaje, pasión por la máquina. Es devolverle el alma a un Supra que se negó a morir.

Nos encontramos con todos los conductos de refrigeración obstruidos de oxido y lodo debido a que con anterioridad han empleado agua como refrigerante.



Llevamos la culata a revisar por si había alguna fisura en su interior, una pasada en la rectificadora para que quedase todo pulido para montar la junta nueva.



Cuando llegaron todas las piezas nuevas y la culata iniciamos el montaje. Ha sido un montaje pausado sin prisas.

Somo si se tratase de un rompecabezas se van añadiendo pieza tras pieza para completar el puzle.

No solo fue la culata, también pusimos un turbo nuevo, el suyo ya había cumplido su función a lo largo de los años y estaba achacoso con mucha holgura en su eje.


Ahora ya está a falta de un par de piezas.


Esta pieza se rompió al intentar sacarla de su sitio, tuvimos que apañarnos para hacer una similar partiendo de un tornillo con la misma rosca que la pieza original. posteriormente ayudados del torno hicimos una pieza similar que cumple su función.

No teníamos una llave para poder apretar la pieza de la foto anterior, lleva el tornillo una llave de 32 pero todas eran cortas y no entraban, Vamos a hacer una llave que sirva para poder apretar bien, sin problemas.
Cortamos una llave de 32 hicimos una arandela para poder soldar sobre ella un trozo de tubo para que cupiera el sombrero que lleva sobre la cabeza del tornillo.


Hay que alargarla como mínimo un trozo similar al espacio que hay entre las dos partes de la llave.


Soldar, tornear para que la arandela que hemos soldado tenga espacio para que quepa la pieza.


Ya está la llave lista para su función.


Únicamente nos falta colocar la unión del turbo con el escape, no quedaban bien alineados y por lo tanto no coincidían, se nos hacía la hora de dejarlo y se pospuso hasta el día siguiente.  


Ya estaba todo casi montado y no pudimos resistir la tentación de darle a la llave de arranque y comprobar si el motor arranca aunque no esté conectado al tubo de escape. 


Arrancó sin problemas y nos llenó de satisfacción. Nos da la impresión de que, por fin, va a funcionar y volverá a la carretera después de más de ocho años esperando este momento.
Ahora toca limpiar bien todo el circuito de refrigeración para evitar que vuelva a ocurrir lo mismo. Nada de agua: un buen líquido refrigerante y cambiarlo con cierta regularidad.






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