Siempre he sido aficionado a coleccionar bebidas. No un coleccionista profesional no tengo bata blanca ni un sótano lleno de botellas ordenadas por fases lunares, pero me encantaba comprar todo tipo de bebidas, sobre todo vinos de las regiones que visitaba, además de los que me caían en forma de regalo. Eso sí, que nadie se confunda: tampoco he sido un bebedor empedernido. De hecho, no bebo alcohol salvo cuando estoy con amigos. Vamos, que soy un bebedor social… un ‘funcionario del brindis’: solo trabajo en horario de amistad.
"Esta vez mi señora ha descubierto mi escondite. Como tengo problemas de movilidad, ya no voy a mi bodeguita, algunas botellas han sufrido las consecuencias: el corcho se ha estropeado y han empezado a perder su contenido… un drama enológico. Ella me las va trayendo para que haga la selección: las que estén bien, a conservarlas; las que tengan mala pinta, a retirarlas con honores. Y todavía le queda algún viaje más, la pobre.
Al final, esto confirma una gran verdad: el que tiene bebidas guardadas es porque no se las bebe… igual que el que tiene dinero es porque no se lo gasta.
Otra botella más, esta de licor 43 con recetas de preparaciones con el citado licor.
Aparecerán muchas más, ya me las traerán para su revisión, la degustación tendrá que esperar. Lo mejor hubiese sido el haberlas bebido y disfrutado pero ha resultado así, no se puede volver atrás.
Hoy me apetecía escribir, no he encontrado otro tema pues la cosa ha ido de vino y licores.
Feliz salida de 2025 y mejor entrada en el 2026.


















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