Esta mañana hemos ido a pasar la ITV hasta Miranda de Ebro con nuestro Nissan Patrol SD33.
Eso ya es toda una excursión mecánica con sabor a clásico. Ir hasta Miranda de Ebro a pasar la ITV con el Nissan Patrol SD33 no es simplemente cumplir un trámite: es darle carretera al viejo guerrero, dejar que el seis cilindros respire y recordar por qué estos coches siguen teniendo alma.
El Patrol, con ese motor SD33 que suena a hierro honesto y a mecánica sin prisas, seguro que ha ido a su ritmo, pero firme como siempre. Ese trayecto hasta Miranda tiene algo especial: sales de casa con la mezcla de responsabilidad y aventura, como quien lleva a un veterano a una revisión médica importante.
Y mientras avanzamos, uno siente esa tranquilidad que solo dan los coches que han visto mundo: no corren, pero llegan. Y llegan con dignidad.
La ITV del Patrol estaba ya al borde del abismo, a punto de vencer, así que no podíamos estirar más el chicle. Esta mañana, mi hijo y yo nos hemos puesto en marcha rumbo a Miranda de Ebro, con ese sentido de urgencia tranquilo que solo entiende quien conduce un clásico: hay prisa… pero el coche no.
El día amaneció soleado, de esos que prometen calor más tarde, pero a las diez todavía se podía respirar. Teníamos la cita a las diez y media, así que íbamos un poco justos, aunque con el Patrol eso es casi una tradición. Es un coche para no correr, para dejar que el motor SD33 marque el compás, pero también es tan fiable que compensa cada minuto que se toma para pensárselo.
Mientras avanzábamos por la carretera, el sol empezaba a subir y el Patrol seguía a lo suyo: sin estridencias, sin prisas, con ese ronroneo grave que parece decir “tranquilos, que llegamos”. Y llegamos, claro. Porque estos coches no vuelan, pero cumplen.










No hay comentarios:
Publicar un comentario