12.7.26

De la dirección asistida al aire a tope: crónica de un domingo caluroso.

 


Hace unos días me entusiasmé como un crío al descubrir una polea doble en un Opel Kadett. La miré y supe al instante que podía ser la pieza que necesitaba para mi BMW E30 M10, ese compañero de tantas rutas al que quiero instalarle dirección asistida. No por capricho, sino porque mis brazos —fieles, tercos, castigados por años de esfuerzos— ya empiezan a recordarme que he vivido mucho y he empujado más. Aún me sostienen, aún me mantienen de pie, pero merecen un respiro.

El último día que llevé el BMW a una reunión de clásicos, mientras maniobraba entre coches y conversaciones, me sorprendí pensando en lo bien que le vendría una dirección más ligera. No para quitarle carácter, sino para seguir disfrutándolo sin que cada giro sea una prueba de fuerza. Aquella polea del Kadett se convirtió entonces en una pequeña esperanza mecánica: la posibilidad de seguir conduciendo mi E30 con la misma pasión de siempre, pero con un esfuerzo más amable para este cuerpo que ha trabajado tanto.


Después de muchas comprobaciones y de sopesar varias opciones, voy a desistir de la idea de montar la polea doble del cigüeñal del Opel Kadett. Sobre el papel parecía una solución ingeniosa, pero en la práctica los inconvenientes se multiplican: habría que tornear y adaptar varias piezas, ajustar medidas, asegurar alineaciones… demasiado trabajo para un resultado incierto.

La segunda opción tampoco convence. Consistiría en cortar la polea actual del BMW y soldarla a la del Opel. El problema es que la polea del BMW lleva una goma que amortigua los giros bruscos, y al soldar se quemaría sin remedio, incluso actuando con toda la cautela del mundo. Perder ese amortiguador sería comprometer la fiabilidad del motor, y eso no entra en mis planes.



Tiene que entra una llave de 30 mm para poder fijar la polea al cigüeñal, tiene que ser un injerto hueco.

He superpuesto una polea encima de la otra para comprobar si me valdría cortando y soldando parte de la polea original a la del Kadett. Se quemaría la goma y lo descarto también.





Tengo otros motores con diferentes poleas, desmontaré alguna para cerciorarme si puedo hacer una apaño.



Creo que lo más sensato y fácil sería montar una bomba de dirección electro‑hidráulica procedente de un desguace. La instalación es más limpia, evita inventos con poleas y adaptaciones complicadas, y además me permitiría mantener la polea original del BMW sin riesgos. Una bomba de Opel Astra G, entre otras, me serviría perfectamente: es compacta, fiable y relativamente sencilla de integrar en el vano del E30. Con ella podría conseguir una dirección más ligera sin comprometer el motor ni entrar en trabajos de tornero que no compensan.

Supongo que toda esta modificación habrá que homologarla. Sé que otros lo han hecho de esta manera, instalando una bomba electro‑hidráulica y dejando atrás las poleas y adaptaciones, pero no tengo datos concretos sobre los trámites que hay que realizar. Imagino que tocará preparar un buen dossier: fotos del montaje, informe de taller, proyecto técnico y pasar por la ITV para que quede todo reflejado en ficha. Hasta que no investigue más, solo sé que es posible… pero aún me falta la ruta exacta para hacerlo.


Después de este devaneo de cabeza con las poleas y las mil maneras de hacer más fácil la conducción, he decidido que hoy es domingo y no puedo perder ni un minuto más con este tema. Así que mi Sra. y yo hemos cogido uno de los pocos coches clásicos que tenemos con aire acondicionado —bendito sea— y nos hemos ido a dar un paseo. El aire, eso sí, había que llevarlo a tope para mantener fresco el ambiente dentro del coche, porque fuera el calor apretaba sin contemplaciones.

Como casi siempre, surgió otro contratiempo. Nuestra idea era sentarnos a la orilla del embalse, bajo la sombra de unos árboles, para terminar de pasar la mañana y protegernos del calor agobiante. Pero resulta que hoy era el Iron Man en Vitoria y nos topamos con la carretera cortada. Tuvimos que cambiar de dirección y seguir bordeando el embalse hasta Legutiano, siempre buscando la brisa del agua y un rincón tranquilo donde dejar que el domingo siguiera su curso.







Dejamos el coche en el garaje y a casa, allí sabemos que tenemos buena temperatura y mejor ambiente.

De la dirección asistida al aire a tope: crónica de un domingo caluroso.

  Hace unos días me entusiasmé como un crío al descubrir una polea doble en un Opel Kadett. La miré y supe al instante que podía ser la piez...