9.8.26

Rumbo a la nostalgia en el Saab 900i: Viaje con aire clásico (y fresco) a la Ermita de Santa Elena

 


Joyas sobre ruedas en un rincón mágico: Concentración de clásicos en Santa Elena (Emerando)
Hay lugares que tienen un magnetismo especial, y el barrio de Emerando, a caballo entre Mungia y Meñaka, es uno de ellos. Si a su ya de por sí impresionante paisaje rural le sumas el rugido de motores con historia, el resultado es una jornada inolvidable. La campa de la Ermita de Santa Elena se ha convertido en el epicentro de la nostalgia automovilística, reuniendo a una espectacular colección de coches clásicos que parecen haber desafiado el paso del tiempo.
El evento no solo ha sido un regalo para los amantes del motor, sino también una oportunidad para desconectar. Ver estas joyas mecánicas de más de treinta años recortadas contra la silueta medieval de la ermita —famosa por albergar en sus muros una estela funeraria prerromana— crea un contraste único entre la historia antigua y la historia industrial. Un ambiente familiar, olor a gasolina de la vieja escuela y el verde infinito de Bizkaia como telón de fondo. Sin duda, una cita que ya apuntamos en rojo en el calendario para próximas ediciones.


Salir de Vitoria un día de calor sofocante con destino a una concentración de coches clásicos siempre plantea un dilema: ¿pasión o supervivencia? Esta vez salimos algo tarde y la respuesta la tuvimos clara en el garaje. Optamos por la veteranía inteligente y decidimos que el protagonista del viaje sería nuestro Saab 900i de 16 válvulas.
Sí, tiene sus años y es un clásico con todas las letras, pero cuenta con un as bajo el capó que ese día valía oro: aire acondicionado. Es verdad que antes se viajaba sin él, cruzando la península en pleno agosto con las ventanillas bajadas y el brazo apoyado en el marco de la puerta, tragando polvo y pasando un calor soberano. Se sobrevivía, claro que sí, pero ahora que ya hace décadas que se inventó esa bendita «nevera» dentro del coche, ¿por qué no aprovecharla? Disfrutar del paisaje vizcaíno a una temperatura humana mientras el motor de 16V devoraba los kilómetros hacia la Ermita de Santa Elena demostró que la nostalgia no está reñida con el confort. Al final, llegamos frescos, a tiempo y listos para disfrutar de la jornada.


En los viajes que hacemos con nuestros coches clásicos hay algo que nunca falla: el trabajo en equipo. Debido a mis problemas de movilidad, esta vez me tocó disfrutar del trayecto desde el asiento derecho, ejerciendo con orgullo de copiloto. Pero la verdadera "culpable" de que hoy estuviéramos en la carretera es mi mujer.
A los mandos de nuestro Saab 900i 16V, demostró una vez más que no hay plan sobre ruedas al que me diga que no. Siempre que le propongo una nueva aventura, una concentración o una ruta para sacar a pasear los clásicos, su respuesta es un "sí" rotundo. Verla conducir con seguridad y soltura el salpicadero aeronáutico del Saab mientras dejábamos atrás los kilómetros bajo el sol de agosto es el verdadero motor de esta afición. Al final, los coches son la excusa, pero compartir estas experiencias y saber que siempre tengo a la mejor compañera de viaje al volante es lo que de verdad hace que cada kilómetro valga la pena.


Además, con los coches clásicos tenemos una regla de oro: prohibidas las autopistas. Preferimos viajar por esas carreteras secundarias que estos mismos vehículos pisaban cuando eran nuevos. Es verdad que por la autopista se llega antes, pero es imposible disfrutar del paisaje de la misma manera. Avanzar sin prisas entre los valles y curvas que nos llevaban hacia Bizkaia, disfrutando de una temperatura humana en el habitáculo, fue la mejor antesala para el evento.
En este momento estamos bajando el puerto de Barazar.

Al llegar al mítico Cruce del Gallo, nos desviamos a la derecha. Así enlazamos con la carretera tradicional que, bordeando el paisaje, nos llevaría directos hasta Mungia. Avanzar sin prisas entre los valles vizcaínos, escuchando el motor y disfrutando de una temperatura humana en el habitáculo, fue la mejor antesala para el evento.



Ya estamos encaminados, ahora a seguir los indicadores, hemos venido muchas veces a Munguía a eventos de coches clásicos.
 

Nos hemos encontrado esta vespa por el camino y he pensado, ¡seguro que van a participara también!


Tan decididos íbamos a Munguía que le puse al GPS que nos llevara a Mungia y así lo hizo, yo recordaba el lugar de anteriores reuniones y nos fuimos directos al lugar, ¡Oh! no hay nadie, tocó volver a leer la dirección de la convocatoria y reanudar el recorrido ahora dirección Esmerando. Yo creo que el Saab quería ver el Goggomobil que hay en Munguía como recordatorio que se fabricó aquí.
Esa pequeña jugarreta del GPS le aporta un toque de humor y complicidad excelente al relato. Además, la idea de que el Saab tenía "antojo" de ir a saludar al Goggomobil en su propia cuna es un guiño magnífico a la historia del motor vasco. En Mungia el recuerdo de aquel cochecito está muy vivo, e incluso se le homenajea con murales y un gran cariño popular


Tras corregir el rumbo y dejar atrás el centro de la villa, enfilamos por fin el camino correcto. La recompensa no tardó en aparecer ante nuestros ojos: habíamos llegado a la Ermita de Santa Elena de Esmerando. Ver de cerca sus imponentes muros de piedra, su rústica espadaña coronada por la cruz y respirar la tranquilidad de este rincón vizcaíno te transporta en el tiempo al instante. Aparcar el Saab en este entorno y ver el contraste de la historia rural con el automovilismo clásico fue el broche de oro perfecto para un domingo inolvidable de carretera, despistes compartidos y pasión sobre ruedas. ¡Una cita para repetir!


Este es su interior 

En el caso de ermitas rurales tan antiguas como la de Santa Elena de Emerando, es muy común encontrar estas pilas talladas en piedra caliza o arenisca integradas directamente en la mampostería de la fachada o junto a la puerta de entrada. Su función era exactamente la que describes: permitir que los fieles que venían caminando desde los caseríos y valles de los alrededores introdujeran los dedos para santiguarse antes de cruzar el umbral del templo.


Aquí está la vespa que nos encontramos en el camino, llegó antes que nosotros. No por mucho correr se llega antes, 😜
..

Este Seat 1500 estuvo también en Areta y allí coincidimos.

Este es nuestro Saab.


El resto de fotos que saqué las adjunto aquí para que las podáis  ver si os interesa.






















El regreso a Vitoria lo hicimos por el puerto de Altube, ¡por cambiar de ruta!.


Los túnes de Aiurdín y llegamos a Vitoria,




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