6.9.26

Crónica de Zurbano narrada por el Austin Victoria (53 años y mucho que decir)

 Llegada triunfal (o casi)

Hola, soy el Austin Victoria, 53 primaveras, orgulloso, con mis cromados bien puestos y mis achaques discretamente disimulados. Hoy me han sacado de paseo, y no un paseo cualquiera: concentración de clásicos en Zurbano, muy cerca de Vitoria. A mí estas cosas me encantan, porque me siento joven, admirado y, por qué no decirlo, un poco presumido.


Llegada triunfal (o casi)

Mi conductor oficial —la Sra., que me lleva con más elegancia que muchos pilotos profesionales— me ha guiado hasta Zurbano con mano firme. Yo encantado, porque cuando ella me conduce, me siento como un coche de revista. Honorio venía al lado, vigilando que no me faltara ni aire ni cariño, aunque últimamente camina con más dificultad. Pero ahí está, siempre fiel, siempre conmigo. Somos un equipo.

Al llegar, he visto que la cosa estaba animada. Mucho animada. Dorsal 101 nos han puesto, como si fuéramos a correr una maratón. Y después han llegado más y más coches, motos y hasta tractores que parecían recién escapados de una exposición agrícola. Yo, que soy muy clásico pero también muy observador, he pensado: “Aquí hoy se supera el centenar fijo”. Y así ha sido.



Reencuentros mecánicos

Nada más aparcar, han empezado a llegar mis viejos conocidos: el Renault 8 que siempre presume de pintura, el Seat que lleva quince años diciendo que lo va a restaurar “este invierno”, la moto que ruge más de lo que avanza, y el tractor que se cree el rey del campo aunque hoy estaba en territorio urbano.

Los dueños también se han saludado, claro, pero entre nosotros —los coches— hay un lenguaje especial: un brillo de faro, un ronroneo de motor, un “aquí seguimos, compañero”. Y yo, que soy sentimental, me he emocionado un poco.


El refrigerio milagroso

A media mañana, los organizadores han hecho lo que todo buen mecánico sabe: si quieres que un clásico siga funcionando, dale combustible. Y si quieres que los dueños sigan caminando, dales un refrigerio.

Nos han ofrecido un tentempié que ha obrado milagros. Honorio ha recuperado fuerzas, la Sra. ha sonreído como diciendo “bueno, otro rato más”, y yo he sentido que me habían cambiado el filtro del aire. Con ese empujón, hemos seguido viendo coches, motos y tractores como si tuviéramos veinte años menos.







Mientras haya vida, habrá carretera

He participado en esta concentración otros años, y mientras Honorio tenga un halo de vida, yo estaré encantado de acompañarlo. Aunque él vaya más despacio, aunque la Sra. tenga que llevarme siempre, aunque mis piezas ya no sean tan fáciles de encontrar… seguiremos acudiendo.





















Porque estos encuentros no son solo exhibiciones: son recuerdos, amistades, historias compartidas, risas, anécdotas y ese orgullo de seguir rodando pese al tiempo. Yo, el Austin Victoria, seguiré aquí. Y Honorio también. Somos veteranos, sí, pero todavía damos guerra.



El drama fotográfico de mi dueño

Honorio, pobre, ha intentado sacar fotos de todos los coches que han participado. Pero claro… éramos más de cien. ¡Más de cien! Para meter todas esas fotos en el blog tendría que comprar espacio en la nube, en otra nube, y quizá alquilar una tercera por si acaso. Yo lo he visto suspirar varias veces mientras decía: “Esto no hay servidor que lo aguante”. Y yo, desde mi posición de coche veterano, he pensado: “Honorio, déjalo, que ni yo tengo ya memoria para tanto”.

Bromas aparte, sí que ha podido fotografiar un par de coches más, además de las motos que rugían como si quisieran demostrar que también son clásicas, aunque más nerviosas. Y ojo, que no solo había máquinas: en el frontón de Zurbano se celebraba a la vez deporte rural vasco. Yo, que soy muy inglés de nacimiento por parte de mis ancestros pero nacido en Navarra, pero muy vasco de adopción, he mirado aquello con respeto. Esa gente levantando piedras y troncos… y yo pensando: “Como me levanten a mí, me desmontan”.







No esperamos más. Sobre las 13:30 horas, mis dueños y yo nos retiramos. Ellos caminando, yo rodando, cada uno a su ritmo. Ha sido una mañana larga, alegre y con ese ambiente que solo los clásicos sabemos crear.

Mientras avanzábamos hacia casa, yo iba pensando en lo mío: Espero que en breve me vuelvan a dar un paseo. Ese es mi deseo. Porque un coche como yo no quiere jubilarse. Quiere carretera, quiere sol, quiere concentraciones, quiere que Honorio me mire con ese orgullo de “este coche es parte de mi vida”. Y quiere que la Sra. me lleve, porque cuando ella me conduce, me siento nuevo.

❤️ Y así termina mi crónica

Soy el Austin Victoria. Tengo 53 años. Y mientras mis dueños sigan teniendo ganas, yo seguiré rodando. Con achaques, con humor, con dignidad… y con la ilusión de cada salida.




Crónica de Zurbano narrada por el Austin Victoria (53 años y mucho que decir)

  Llegada triunfal (o casi) Hola, soy el Austin Victoria , 53 primaveras, orgulloso, con mis cromados bien puestos y mis achaques discretame...