Seguimos con el Toyota Supra MK3
Hace unos días iniciamos el trabajo para desmontar el
cárter del Toyota Supra MK3. No ha sido una tarea rápida ni cómoda, pero ya
sabes cómo es esto: cuando se mete mano a un clásico, el tiempo deja de medirse
en horas y pasa a medirse en paciencia.
Ha sido costoso en tiempo y en esfuerzos. Primero hubo
que despejar toda la zona, retirar piezas que parecían empeñadas en no moverse,
y preparar el terreno como quien abre paso en una selva mecánica. Después tocó
subir un poco el motor, bajar un poco la cuna… y todo ello milímetro a
milímetro, como si estuviéramos afinando un instrumento delicado.
Pero lo conseguimos. Y punto.
Ese momento en el que, por fin, el cárter queda
accesible y puedes empezar a trabajar de verdad, tiene algo de victoria
silenciosa. No hace falta celebrarlo con trompetas: basta con mirarse con tu
hijo, soltar un “bueno, ya está” y seguir adelante. Porque en el fondo, este
tipo de trabajos no se hacen corriendo para acabar pronto. Se hacen despacio,
disfrutando del proceso, sabiendo que cada tornillo aflojado es parte del
entretenimiento.
Si se acabara muy rápido, tendríamos que estar
buscando otro coche para restaurar, otra excusa para seguir liados en el
garaje. Mejor así: lentamente, con calma, y dejando que el Supra quede bien,
como merece un clásico que ya forma parte de la familia.
Después de
haber dejado la parte alta del motor de nuestro Toyota Supra MK3 Turbo
impecable, mi hijo y yo hemos decidido dar el paso definitivo. Los que conocéis
bien el mítico motor 7M-GTE sabéis que tiene una reputación... delicada. La culata
suele llevarse la fama de los problemas, pero la verdadera "zona
cero" de este bloque está abajo del todo. Mi hijo se empeñó en que no
podíamos dormir tranquilos sin revisar la salud de la parte baja.
Para
cualquier entusiasta del motor, quitar el cárter de un Supra clásico es un
momento de máxima tensión y emoción a partes iguales. Es el momento de la
verdad para saber si el motor ha sufrido por falta de presión de aceite o
sobrecalentamientos en el pasado.
- Sin rayas ni surcos: Al pasar la uña por la superficie de los casquillos y del propio cigüeñal, se deslizaba con total suavidad. No hay marcas de impurezas ni de falta de engrase.
- Color perfecto: Los casquillos mantienen su tono gris claro original, sin zonas desgastadas ni saltos en el material.
¿Qué buscamos al mirar los
casquillos?
Para los que
estéis pensando en hacer este mismo mantenimiento en vuestro proyecto, os
dejamos las cuatro claves que estamos usando para evaluar el desgaste:
1. El color del metal: Un casquillo en buen estado debe
lucir un color gris claro o plateado mate uniforme. Si al desmontar empezamos a
ver tonos dorados o cobrizos, significa que la capa antifricción se ha
evaporado y el desastre está cerca.
2. Rayas y surcos: Pasar la uña por el casquillo y las
muñequillas del cigüeñal es la prueba del algodón. Si la uña se engancha,
significa que las impurezas del aceite han hecho de las suyas.
3. Desgaste asimétrico: Si un lado del casquillo está más
fino que el otro, ojo, porque podría alertarnos de una biela ligeramente
revirada.
Los
casquillos se ven bien. En la siguiente foto se ven muy sucios, pero también las
manos, ese ha sido el problema, se han tocado con las manos suciaas no, lo
siguiente, la emoción nos puede.
Tener el
cárter fuera también nos da la oportunidad perfecta para revisar la bomba de
aceite —otro punto débil de estos coches que conviene mejorar para subir la
presión de serie— y plantearnos si daremos el salto a unos tornillos de biela
ARP para asegurar el tiro.
Siempre se
encuentra algo que reparar al desmontar, hoy nos hemos encontrado un soporte
motor roto, además los bajos del coche están sucios, lo limpiaremos y un poco
de pintura no le vendrá nada mal.
Estamos de vacaciones, por hoy ya vale de trabajo, ahora fiesta. 😉









