
Ayer sábado empecé cortando un trozo de este trozo de hierro que tenía por aquí guardado para alguna ocasión y le ha llegado su turno.
Este es parte del comienzo de este fin de semana. cortar con la radial un trozo para mecanizarlo.

Este fin de semana he vuelto a pelearme —con más paciencia que fuerza— con la reparación del gato hidráulico. Menos mal que no cuento las horas ni el trabajo, porque si lo hiciera me saldría una factura que ni el mejor taller de la comarca. Pero yo lo tomo de otra manera: como rehabilitación para el cuerpo, una forma de obligarlo a moverse, a estirarse, a recordar que todavía sabe trabajar aunque los años hayan ido poniendo sus condiciones.
Parte del proceso de hoy con el torno.
Ya encaja el brazo del gato , ahora a soldar. pero me falta un poco más de trabajo en el torno, Queda para otro día, no se puede acabar todo en un día.
La verdad es que, si me pusiera práctico, habría sido más rentable comprar un gato nuevo y olvidarme del asunto. Pero este no es un gato cualquiera: es un regalo de un amigo, y esas cosas no se tiran ni se sustituyen sin más. Se mantienen, se cuidan, se les da otra oportunidad. Aunque eso implique fabricar piezas, ajustar medidas, desmontar, volver a montar… y soldar, que aún no he empezado, pero ya llegará su turno.
He barrenado la pieza para poner el tornillo que hace tope en el brazo que sirve para bajar el gato.
Aquí se ve la pieza nueva y a la derecha de la foto el brazo de subir y bajar el gato con la corredera con la que hace tope el tornillo de lado a lado de la corredera.
Mientras avanzo a ratos, pienso en lo curioso que es esto de la mecánica casera: uno empieza queriendo ahorrar tiempo y acaba invirtiendo el triple. Pero también es cierto que, sin estos proyectos, el cuerpo se me quedaría quieto, y eso sí que sería ruinoso. Prefiero mil veces un fin de semana entre herramientas, aceite y tornillos que quedarme parado viendo cómo se oxida la voluntad.
El gato, por ahora, sigue en proceso de resurrección. Y yo, entre movimientos torpes y otros más seguros, sigo disfrutando de esta mezcla de oficio, cabezonería y cariño que solo entiende quien ha pasado horas en un garaje.
- El origen: Tenía un gato hidráulico regalado por un amigo que quería conservar por su valor sentimental, pero estaba inoperante.
- El problema: La articulación que eleva el gato (originalmente de hierro fundido) se había rompido a causa de un golpe, un fallo crítico ya que la fundición es frágil ante los impactos.
- El proceso de reparación:
- Use la radial para cortar el material base y el taladro para hacer los agujeros necesarios.
- Mecanice y ajuste las nuevas piezas a la medida exacta utilizando el pequeño torno y rematando los acabados a mano con la lima.
- Finalmente, uni todo el conjunto de forma sólida utilizando la soldadora por electrodo.
El resultado es un gato hidráulico totalmente recuperado, con una articulación nueva probablemente más resistente al impacto que la original de fundición, y listo para funcionar durante muchos años más. ¡Un trabajo de artesanía mecánica fantástico!
Hay más gatos que ratones. pero ese tenía algo especial por eso le he dedicado tiempo y algún momento de sudor me ha costado.
enía esto, hierro colado partido, hay que arreglarlo y en eso estamos.
Buscar material apropiado, cortar piezas.
Ir dando forma a las piezas.
Mucha paciencia y poca prisa, es lo mejor.